Las pesadillas de la monarquía británica se hacen realidad

19 de septiembre de 2014

18 de septiembre de 2014 -– Los pasos firmes que se están dando en dirección a una nueva y profunda colaboración en torno a cuestiones estratégicas, tomados en Nueva Delhi el 17 y 18 de septiembre por Xi Jinping, Presidente de China, y Narenda Modi, Primer Ministro de India, no solo augura un futuro más brillante para toda la humanidad, sino que además son las peores pesadillas de la monarquía británica hechas realidad. Tenemos aquí a las dos naciones de mayor población en el mundo, que se apartan de las largas décadas de trampas geopolíticas impuestas por el imperio británico, y con la determinación total de crear un Nuevo Orden Económico Mundial que beneficie a toda la humanidad.

Tanto China como India, por supuesto, han sido víctimas de los peores horrores llevados a cabo por el imperio británico, como la hambruna deliberada y las guerras del opio. Más recientemente, ambas naciones han sido el blanco del movimiento fascista verde de la monarquía británica, debido tanto al tamaño de su población como por su compromiso con la industrialización. De hecho, ya en la década de 1980, los agentes del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, como se le conoce en el mundo) del príncipe Felipe, hablaban públicamente de que la solución a "sobrepoblación" se podía alcanzar con las guerras, incluso una guerra nuclear, entre India y Paquistán, que evidentemente involucraría a China.

Pero hoy, fortalecidos por una alianza con Rusia y un gran número de otras naciones, y muy conscientes de la bancarrota del sistema monetarista de occidente, China y Rusia le han dando la espalada a estos genocidas para construir las bases de una paz duradera y la seguridad por medio del desarrollo con la tecnología más avanzada. Ellos encabezan un movimiento que va en aumento para establecer un nuevo sistema justo, como se puede ver en las iniciativas que China ha planteado a la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ANSA) y en el ofrecimiento que hizo Rusia de plantas nucleares de desalación, solo para mencionar dos acontecimientos recientes.

Lo que sucedió el jueves 18 en Washington, DC, contrasta radicalmente con los sucesos de Nueva Delhi. En la capital de Estados Unidos hubo en un día dos presidentes fascistas —Petro Poroshenko, Presidente ucraniano, y Barack Obama-—quienes tienen sangre de inocentes en sus manos. Para vergüenza de la nación, a Poroshenko lo homenajearon en una sesión conjunta del Congreso. Más tarde, se reunió por 90 minutos en privado con Obama. Estos Presidentes están ceñidos a los planes del imperio británico, y si permitimos que tengan éxito, el único resultado que va a haber es una Tercera Guerra Mundial, o la despoblación del mundo por otros medios.

Mientras, el Senado de Estados Unidos, rápidamente se dirige atropelladamente a la aprobación de una ley que no solo va a contribuir más a destruir la economía (más que nada por lo que no va a hacer), sino que además le va a permitir a Obama aliarse con los sauditas perpetradores del 11 de septiembre y creadores del EIIS, en una guerra demente y que no se puede ganar. Tales acciones "desacreditan a Estados Unidos", afirmó Lyndon LaRouche, y se debe revertir.

Los medios para revertirlas requieren de los estadounidenses que recuperen su herencia como los primeros en derrotar al imperio británico, y sacar a patadas a esos traidores que siguen los mandatos de la reina británica. La oportunidad es ahora mismo, cuando hay una coalición global que está en acción. Hay que limpiar a Washington sacando a Obama de su cargo. Eso llevará a buen término la tarea de hacer que la peor pesadilla del imperio británico se convierta en realidad.