Obama pone la mira sobre Venezuela

10 de marzo de 2015

10 de marzo de 2015 — Este lunes 9 el Presidente Barack Obama emitió y firmó una orden ejecutiva declarando que la nación de Venezuela es "una amenaza de seguridad nacional" para Estados Unidos, y por lo tanto sujeta a sanciones. Anunció para empezar la imposición de sanciones a siete altos funcionarios del gobierno venezolano, 6 militares y una fiscal.

La acción tomada por Obama es la señal que ordena hundir a Venezuela (que todavía es un proveedor importante de petróleo a Estados Unidos) por medio de una "revolución de color" a gran escala, como las que han destruido a las naciones del norte de África, del Medio Oriente, y de Europa Oriental, como lo atestigua Ucrania.

Como los gobiernos suramericanos saben muy bien, el blanco del ataque no es solo Venezuela, sino toda Suramérica, en un intento desesperado para recuperar el control de una región que se ha movilizado para liberarse y unirse al BRICS para desarrollarse verdaderamente.

Ricardo Patiño, ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, dio una rueda de prensa en Guayaquil casi simultánea al anuncio oficial de Estados Unidos, en la que anunció que la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) "no permitirá intervención extranjera; ni que se fragüe un golpe de Estado" en Venezuela, ni en ningún país de la región en general. Dijo Patiño que "vamos a oponernos de forma radical, frontal, institucional, con toda nuestra fuerza, a cualquier intento de desestabilización". UNASUR ha estado trabajando para ayudar a encontrar una solución pacífica al enfrentamiento político existente entre el gobierno y la oposición en Venezuela, y el pasado viernes 6 de marzo había enviado una delegación a Venezuela integrada por los ministros de Relaciones Exteriores de Brasil, Colombia y Ecuador.

Con esta Orden Ejecutiva Obama ni siquiera pretende que se adhiere a la Constitución de Estados Unidos, o de que sea otra cosa sino un ataque contra este país vecino. La orden ejecutiva afirma con asombroso cinismo que las violaciones a los derechos humanos, las restricciones a la libertad de prensa, persecuciones de los opositores políticos, arrestos arbitrarios, y la "presencia exacerbada de corrupción pública significativa", no en Estados Unidos, sino en Venezuela, constituye una "emergencia nacional" para Estados Unidos, y una "amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política exterior de Estados Unidos", de tal modo que una guerra en contra de la nación está justificada.