Crecen las manifestaciones tipo 'revolución de color' en contra de Brasil

18 de marzo de 2015

18 de marzo de 2015 — Hasta los medios de prensa internacional que elogiaban las manifestaciones de protesta en contra de la Presidenta brasileña Dilma Rousseff y su gobierno tuvieron que admitir que el más o menos un millón de personas que se manifestaron en las calles en 65 ciudades eran en su abrumadora mayoría personas acomodadas o de clase media. La mayoría pedía el juicio político para Rousseff, aunque eran notables las pancartas que pedían un golpe de Estado militar en varias ciudades, esto en el 30avo aniversario del restablecimiento de la democracia en Brasil, después de décadas de régimen militar.

¿Está en inminente peligro el gobierno de Dilma Rousseff? Todavía no, desde una perspectiva interna. Un millón de personas no es cualquier cosa, pero Brasil es una nación con más de 220 millones de personas y, hasta ahora, el fermento está restringido a las clases pudientes.

Sin embargo, estas protestas no fueron más que la primera muestra de fuerza en las calles, de una guerra multifacética en marcha para derrocar al gobierno de Rousseff, y destrozar a este país miembro del grupo BRICS, mediante el caos y la guerra civil. La campaña de una "revolución de color" en Brasil va de la mano con las operaciones sangrientas llevadas a cabo en contra de México, Argentina y, en particular, contra Venezuela en los últimos meses. Bajo el liderato de Argentina y Brasil, las naciones de Iberoamérica se han orientado hacia el BRICS y en particular hacia China, para la construcción de grandes proyectos de infraestructura y proyectos tecnológicos y científicos avanzados.

La mano británica detrás de esto quedó brutalmente al descubierto en el reportaje sobre las protestas de la edición en español de la BBC de Londres el 16 de marzo, titulado "Brasil: la 'tormenta perfecta' que pone en peligro a Dilma Rousseff". La BBC editorializa: "Algunos presidentes tiene que tratar con protestas masivas en las calles, otros con escándalos de corrupción, dificultades económicas o aliados rebeldes. Pero la brasileña Dilma Rousseff enfrente todo esto a la vez y la pregunta es cómo va a poder sortearlos".