En Londres, algunos reconocen que el problema son los derivados financieros, que están a punto de estallar

28 de marzo de 2015

28 de marzo de 2015 – El diario londinense Telegraph ya ha publicado antes advertencias sobre el peligro de un estallido del sistema financiero internacional; hace solo unos días publicó un artículo sobre el riesgo de un estallido en el mercado internacional de bonos, que constituye en realidad un riesgo secundario. Pero el 23 de marzo publicó un artículo firmado por Ben Wright, el cual apunta al problema fundamental que son los derivados financieros, cuyo valor nominal ya es estratosférico. El artículo de Wright, titulado "The world's next credit crunch could make 2008 look like a hiccup" (La próxima crisis crediticia mundial podría hacer ver la del 2008 como un ligero traspié), señala que todo el mercado mundial de valores era en junio de 2014 solo de $70 billones de dólares, mientras que "el valor contable de todos los contratos de derivados vigentes era de más de $690 billones". Esa es la última cifra publicada por el Banco de Pagos Internacionales, el banco de Basilea, aunque EIR estima que el verdadero valor de los derivados en el mundo es probablemente el doble de esa cantidad. Wright señala de manera precisa que el 80% de esos derivados están relacionados con tasas de interés ($563 billones, según el BPI).

Wright explica que cuando la Reserva Federal de Estados Unidos revierta su política de "emisión cuantitativa" (imprimir dinero para prestarlo a tasas de interés casi cero a los bancos) y eleve las tasas de interés, como lo ha anunciado que hará la presidenta de la Reserva, Janet Yellen, se podría desatar el estallido de la bomba atómica financiera. "Barclays ha pronosticado que, si tan solo los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años regresa a sus promedios históricos, borraría casi una quinta parte del valor tangible de los libros de los bancos europeos. Sí, una quinta parte", señala el artículo. Aunque Wright no lo dice, en realidad esa caída sería apenas la primera carga de la reacción en cadena de la bomba nuclear financiera que se desataría inmediatamente.

Sin embargo, si señala que los grandes bancos internacionales son bien concientes del problema, y que "su respuesta es cubrir el riesgo con derivados de tasas de interés... ¿A quién le han comprado esos derivados? Bueno, pues a otros bancos por supuesto... Los derivados funcionan siempre y cuando no se necesiten liquidar; pero cuando se les solicita, resultan inútiles".

Por malo que sea esto, dice Wright, lo que ha empeorado las cosas es que las instituciones reguladoras le dicen a los bancos que tienen que encargarse del riesgo de sus inversiones en derivados, ¡contratando derivados sobre sus otros derivados! "Se les pide a los bancos que cubran sus inversiones con más coberturas de derivados. ¿Ya empezaron a sentirse preocupados?", le pregunta Wright a sus lectores, para concluir: "No se necesita ser adivino para predecir que, una vez más, los contribuyentes tendrían que cargar con el desastre".

La realidad es que, si se restablece la norma de la ley Glass-Steagall, no será necesario que los contribuyentes paguen los daños, sino lo propios tahúres banqueros.