Un Obama desesperado se puede precipitar descontroladamente por la votación sobre el TAA

16 de junio de 2015

16 de junio de 2015 — Según una fuente bien colocada de Washington DC, el presidente Obama y sus más cercanos asesores de la Casa Blanca se pasaron el fin de semana contemplando su siguiente movida, después de que los demócratas en el Congreso masacraron su agenda de libre comercio, al derrotar por votación su TAA (Trade Adjustment Authority -Autoridad para ajustar el Tratado Comercial) con un voto mayoritario bipartidista de 90. A Obama, quien, en palabras de Lyndon LaRouche, se está comportando con una personalidad de "terrorista suicida" hundiéndose aún más al negarse a aceptar la derrota, se le presentaron dos opciones, ambas perdedoras. Puede modificar el TAA para satisfacer todas las demandas republicanas, acabando en los hechos con todas las prestaciones laborales y lanzarse por una victoria estrictamente partidista casi exclusivamente con los votos del GOP (Partido Republicano); o puede editar el TAA para satisfacer a los demócratas enojados y arriesgarse a que se consolide la oposición republicana. En cualquiera de los dos casos, reconoció la fuente, las oportunidades de ganar los suficientes votos como para que se apruebe el proyecto de ley modificado son bastante escasas.

Es más, subrayó la fuente, si Obama se va con la opción de solo el GOP, esto le pondrá fin a cualquier colaboración con los demócratas en el Congreso que ya están en revuelta (¡por fin!) en contra de un Presidente que se ha comportado como un republicano de Wall Street desde el primer día en que tomó posesión. Todos los precandidatos presidenciales demócratas —incluso Hillary Clinton— se van a alejar de Obama lo más rápido que puedan.

Sin embargo, como advirtió LaRouche, Obama está en un estado mental de rabia y locura que se puede esperar que cometa errores serios. El mismo peligro de una precipitación descontrolada maníaca y perturbada es también visible en el problema de la confrontación termonuclear con Rusia y China, y ahí es donde realmente reside el peligro. LaRouche subrayó que, con Obama, no se pueden ignorar estos factores sicológicos.