Momento decisivo para la monarquía británica y para Obama

23 de julio de 2015

23 de julio de 2015 – Durante el diálogo semanal de Lyndon LaRouche con el comité político de su Comité de Acción Política (LaRouche PAC) el pasado lunes 20, LaRouche se refirió a los acontecimientos del 13 de julio, cuando una simple pregunta que se le planteó a Hillary Clinton, alteró el curso de la política estadounidense. La omisión de Hillary Clinton a responder una simple pregunta sobre si respalda o no el restablecimiento de la ley Glass-Steagall, creó una tormenta política, que no ha amainado, y ha puesto más aún la cuestión de la Glass-Steagall en el centro de la campaña presidencial de 2016.

LaRouche le dijo a sus colegas en el diálogo difundido por Internet que "un minuto" alteró el curso de la campaña presidencial de Estados Unidos. "La historia se forja mediante interrupciones", explicó LaRouche, como la inserción del tema de la Glass-Steagall en el discurso de Hillary Clinton en la New School de Nueva York. "Una sociedad cuerda necesita de tales interrupciones creativas", explicó LaRouche.

Otro ejemplo pertinente de tales "interrupciones creativas" es el escándalo que estalló el sábado 18 de julio, con la publicación de una simple fotografía de una princesa Elizabeth de siete años, ahora reina Elizabeth II, haciendo el saludo Heil Hitler, ante los ojos atentos de su tío, quien sería el rey Eduardo VIII y más tarde duque de Windsor, su madre y su padre, más adelante rey Jorge VI. La película casera que dura no más de 17 segundos, ha disparado una tormenta de fuego alrededor del mundo, donde se informa sobre el amorío de la realeza británica con Adolfo Hitler, durante la década de los 1930. El 30 de julio, el Canal 4 de la televisión británica transmitirá un documental sobre los estrechos lazos del real príncipe consorte Felipe con los nazis, empezando con que sus tres hermanas se casaron todas ellas con altos funcionarios del Partido Nazi y con oficiales de la SS nazi (la temible Gestapo).

El príncipe Felipe nunca ha abandonado las políticas nazis de genocidio en masa de la población, y hasta la fecha, el promueve la idea de que la población humana se debe reducir de los siete mil millones de personas actuales, a solo mil millones. Pero de repente, el futuro mismo de la monarquía británica está en duda, en el momento preciso en que promueven una confrontación final entre Estados Unidos y Rusia, echando mano del control que tienen sobre el Presidente Barack Obama como su herramienta clave para promover una guerra que podría rápidamente conducir a una guerra de extinción termonuclear.

Ucrania es la chispa para provocar esa guerra precisamente, y no es coincidencia que Ucrania esté dominada por nazis descarados, descendientes de los seguidores de Stepen Bandera, el jefe de los nazis ucranianos aliados de Hitler que masacraron ciudadanos ucranianos, rusos y polacos judíos a nombre del Tercer Reich durante la campaña del Frente Oriental nazi en la Segunda Guerra Mundial. El gobierno de Kiev no solo se niega a ceñirse a los acuerdos de Minsk II, sino que los asesinos del llamado Sector Derecha se han apostado ahora en la frontera de Ucrania occidental con la región de Transdniéster, para cerrar el paso de los abastecimientos a las fuerzas de paz rusas estacionados ahí.

Está pues en pie un detonante nazi para una guerra con Rusia, en tanto que la monarquía británica permanezca en el poder y el Presidente Barack Obama siga en el cargo en Washington.

El estallido de escándalos que pueden derribar a la Casa de Windsor y a su Barack Obama, ocurre en este momento porque la supervivencia de la raza humana está en juego, y no todo mundo es tan demente como para marchar, como corderitos, al matadero.

Como lo subrayó LaRouche a sus colegas, este es el modo en que se determina la historia realmente. La intervención humana a voluntad puede alterar los acontecimientos en cualquier momento.

El caso de la Glass-Steagall en Estados Unidos es otra opción para derribar a Londres, la corona británica, a Wall Street y a Obama.