El impulso de Obama hacia la guerra termonuclear se ha obstaculizado; pero solo la salida de Obama puede asegurar la paz

17 de septiembre de 2015

El impulso de Obama hacia la guerra termonuclear se ha obstaculizado; pero solo la salida del poder de Obama puede asegurar la paz

17 de septiembre de 2015 — El empeño del Presidente Barack Obama para provocar una confrontación termonuclear con Rusia se ha obstaculizado mediante una serie de maniobras que en lo fundamental han alterado el panorama estratégico global.

El primer golpe que inició este viraje estratégico contra los planes de Obama fue la brillante maniobra de flanqueo en Siria del Presidente ruso Vladimir Putin. A estas alturas está confirmado universalmente que Rusia ha establecido una presencia militar más a fondo dentro de Siria. Una nueva base aérea construida por los rusos cerca de Latakia en la costa norteña siria en el Mediterráneo estará lista en unas semanas. La ofensiva del Estado Islámico (EI) y del Frente Nusra para derrocar al Presidente Bashar Assad ha sufrido un revés con la maniobra rusa. El Presidente Obama se halla en un estado de rabia, pero está encajonado por las acciones rusas. Putin ha profundizado la trampa para Obama presionando para que el Presidente estadounidense acepte una reunión cara a cara a fin de mes en la Ciudad de Nueva York, en el marco de la Asamblea General de la ONU. En su discurso ante la Asamblea General de la ONU, Putin planteará una propuesta para lanzar una guerra global contra el Estado Islámico y demás terroristas aliados al EI.

Incluso antes de que se evidenciaran las acciones de Putin en Siria, las fuerzas sensatas de Europa Occidental que estaban aterradas se decidieron a actuar al reconocer que Obama se dirigía hacia una confrontación con Rusia, y que una confrontación tal se podría convertir rápidamente en una guerra termonuclear. Cuando Putin tomó la decisión de actuar en Siria, al mismo tiempo que presionaba para que se cumplieran los Acuerdos de Minsk para terminar con la crisis en el oriente de Ucrania, los gobiernos europeos encabezados por Alemania, dieron un giro importante. Alemania, y ahora Francia, han dado su beneplácito a la iniciativa rusa en Siria y han hecho llamados a favor de una cooperación más amplia entre Occidente y Rusia para resolver la crisis, a raíz de la cual Europa se ha visto inundada de refugiados que huyen de las guerras británicas y de Obama en el Oriente Medio y África del Norte.

Dentro de Estados Unidos, ha surgido una revuelta entre el personal de inteligencia militar asignado al Comando Central, y varios de ellos han entablado demandas formales porque funcionarios de Obama de alto nivel los han estado presionando para que “cocinen” los análisis de inteligencia sobre la guerra al Estado Islámico, para crear la apariencia de éxito, cuando la realidad es que, utilizando cualquier estimación sensata, la guerra contra el EI encabezada por Estados Unidos ha sido un rotundo fracaso. En efecto, Obama y el Director de Inteligencia Nacional (DIN) general James Clapper, a quien se acusa de dirigir la campaña de presiones sobre los analistas, están siguiendo los mismos pasos del vicepresidente Dick Cheney, en las vísperas de la invasión a Iraq en marzo de 2003. Décadas antes, los mismos argumentos de conteo del “numero de bajas”, que le fueron impuestos a los analistas de Centcom, fueron utilizados para prolongar la guerra de Vietnam, condenada al fracaso.

Estas acciones en conjunto han obstaculizado el plan de guerra de Obama contra Rusia, por el momento. No se puede cejar en la exigencia de la destitución de Obama del cargo, ya sea mediante un juicio político, renuncia forzada, o invocando la 25ava Enmienda. Mientras que Obama siga en el cargo, aunque esté restringido por los esfuerzos sostenidos para evitar la guerra, el peligro sigue ahí. La evaluación es que Obama está perdido por sus propias políticas fracasadas, pero su destitución es la única garantía de que su perdición no conduzca también a la perdición de la humanidad en su conjunto.