Chile: Un escaparate sinarquista

6 de febrero de 2005

<body><tr><th align="left" class="style34" scope="col" valign="top">Envíalo a un amigo</th><th align="right" class="style34" scope="col" valign="top">Versión imprimible</th></tr><font face="Arial,Helvetica,Geneva,Swiss,SunSans-Regular"><font face="Arial,Helvetica,Geneva,Swiss,SunSans-Regular"><span class="style37"></span></font></font><p align="center" class="articleTitle">CHILE: UN ESCAPARATE SINARQUISTA</p><div align="left"><h5 class="style32"> <i>por Dennis Small y Cynthia R. Rush</i> </h5><div>Si el presidente estadounidense George W. Bush y sus controladores se salen con la suya, pronto los Estados Unidos seguirán los pasos de Chile. . . derechito al infierno. El propio Bush ha sido explícito. En una reunión de la APEC que tuvo lugaren Santiago de Chile del 19 al 21 de noviembre, Bush dijo que “Chile es un gran ejemplo de una reforma al Seguro Social”.<br /><br /></div><div>A lo mejor todavía no le avisan al presidente Bush, pero lo que sus controladores sinarquistas pretenden copiar del modelo chileno es más que la privatización del Seguro Social. Chile es su conejillo de indias para probar:<br /><br /></div><div> <strong>1)</strong> el saqueo ilimitado de la economía física y la fuerza laboral del país en tres décadas de aplicación de la doctrina lunática del libre comercio, tal como la urdieron los famosos “Chicago Boys”, discípulos de George Shultz y Milton Friedman;<br /><br /></div><div> <strong>2)</strong> la desintegración por insolvencia del sistema de banca nacional en medio de una nube de especulación financiera, y su resurrección basada más que nada en un gigantesco flujo de ingresos cautivos procedentes de la privatización del Seguro Social; y<br /><br /></div><div> <strong>3)</strong> el uso del terror político impasible y la represión del Estado policíaco contra toda oposición potencial a estas medidas, incluso contra “la formación de equipos especiales de los países afiliados, quienes habían de viajar a cualquier parte del mundo a países no afiliados para imponer sanciones —incluso el asesinato— contra terroristas o simpatizantes de organizaciones terroristas”.<br /><br /></div><div>Éstas son las palabras empleadas en un memorando desclasificado del FBI de 1976, para describir el funcionamiento de los escuadrones de la muerte que creó la dictadura de Pinochet en Chile, junto con otros cinco gobiernos sudamericanos, bajo el nombre clave de <i>Operación Cóndor.</i> Si leer esta cita les pone la carne de gallina porque suena igualito a una de las últimas conferencias de prensa del vicepresidente estadounidense Dick Cheney, o a un devaneo reciente de Donald Rumsfeld, entonces empiezan a captar el asunto:<br /><br /></div><div> <i>Éstas son las mismas fuerzas sinarquistas que pretenden instaurar las mismas políticas fascistas para defender el mismo sistema económico quebrado.</i> Chile no está “por allá”; está aquí.<br /></div><h4>1. El Seguro Social: ‘Pero si funcionó en Chile. . .’</h4><div>No, la privatización del Seguro Social <i>no</i> funcionó en Chile, excepto para los banqueros extranjeros que se robaron el dinero.<br /><br /></div><div>El Seguro Social fue privatizado en Chile en 1981, según las especificaciones del ideólogo y economista montpelerinista adiestrado en Harvard, José Piñera, quien fue ministro del Trabajo de Pinochet en 1978–1980. Después de 23 años de funcionamiento, el sistema chileno es un fracaso tan grande, que casi todas las fuerzas políticas del país —laborales, empresariales, gubernamentales y políticas— concuerdan ahora en que debe de echarse por la borda, e idearse alguna suerte de alternativa. De hecho, el Congreso chileno está estudiando una propuesta del <i>Gobierno</i> sobre cómo remendar el sistema quebrado, ¡al mismo tiempo que el Gobierno de Bush pretende venderle la misma idea al Congreso estadounidense!<br /><br /></div><div>He aquí la verdadera historia de la privatización del Seguro Social en Chile.<br /><br /></div><div>En 1973, cuando el golpe de Estado de Pinochet, Chile tenía un sistema de seguridad social al estilo estadounidense de “paga sobre la marcha”, al que tanto el trabajador como su empleador contribuían, y el cual comprendía a cerca del 78% de la fuerza laboral.<br /><br /></div><div>Piñera y los Chicago Boys del general Pinochet le dijeron a los trabajadores chilenos, mediante una escandalosa campaña publicitaria multimillonaria, lo mismo que Bush está diciéndole a los estadounidenses hoy. Un gran número de fondos (administrados por bancos, aseguradoras y otros buitres financieros) les ofrecerán a los trabajadores una serie de “alternativas” sobre cómo y dónde invertir su dinero, sin intermediación del gobierno. Les prometieron altos rendimientos y un futuro seguro, de cambiarse del sistema gubernamental a los fondos privados.<br /><br /></div><div>Lo único que los “inscritos” tendrían que hacer, sería permitir una retención obligatoria del 12,5% de su sueldo mensual para depositarlo en la administradora de fondos de pensiones (o AFP, como las llaman en Chile) de su preferencia, la cual entonces invertiría “con prudencia” el dinero. A diferencia del sistema viejo, los empleadores no harían ninguna contribución en lo absoluto.<br /><br /></div><div>Un millón de trabajadores chilenos se cambió al nuevo sistema en 1981. Les ofrecieron incentivos y remuneraciones, incluso un aumento salarial inicial. “De hecho, a la mayor parte de la fuerza laboral chilena la obligaron a integrarse al nuevo sistema, aun a quellos trabajadores contratados desde 1981 a los que no les dieron ninguna alternativa”, según el economista chileno e investigador de la ONU Manuel Riesco, quien es miembro de la directiva del CENDA (Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo).<br /><br /></div><div>¿Cuál es la situación de esos trabajadores ahora? Riesco responde:<br /><br /></div><div>“Si dos colegas trabajadores alcanzan la jubilación en Chile hoy, ambos con el mismo salario y el mismo tiempo aportando al Seguro Social, y uno se quedó en el antiguo sistema público y el otro se mudó al sistema privatizado en 1981, éste recibirá menos de la mitad de la pensión que el primero”.<br /><br /></div><div>¿Cómo es eso posible?<br /><br /></div><div>Vean la <b>gráfica 1,</b> [FIGURE 31] que desglosa la cobertura del Seguro Social para la fuerza laboral chilena de 6,1 millones de trabajadores en la actualidad (la población total es de unos 16 millones de habitantes). Para empezar, hay un desempleo oficial del 10%, y otro 26% (o 1,6 millones) está subempleado en la mentada “economía informal”, o sea, en el gran segmento de la economía de las naciones iberoamericanas que incluye desde las actividades extracontables semilegales, hasta las de plano ilegales. Los vendedores ambulantes y los mendigos son los casos clásicos de semejante “empleo” informal. Ninguno de ellos contribuye al sistema, y ninguno de ellos obtiene nada de él. En términos de la realidad físico–económica, también están desempleados <i>de facto.</i> <br /><br /></div><div>Al menos otro millón de trabajadores (o 16% de la fuerza laboral) está subempleado en trabajos temporales, que pueden durar desde unos cuantos meses hasta menos de un año. La mitad de estos empleos dura menos de cuatro meses. Esta clase de inseguridad y de reciclaje laboral está tan extendida en Chile, que muchos analistas calculan que son mucho más de un millón.<br /><br />Según el instituto de investigación chileno Terram, 93% de los empleados nuevos no durarán más de un año trabajando. Tales trabajadores casi nunca califican para el Seguro Social, porque con la ley fascista de Piñera un trabajador tiene que aportar al mismo durante 20 años para poder recibir prestaciones al momento de su retiro.<br /><br /></div><div>Esto ya representa 52% de la fuerza laboral, que no recibe <i>nada</i> del sistema privatizado de seguridad social. El 48% restante paga sus cuotas al sistema con cierta regularidad, pero 28% de la fuerza laboral, o 1,7 millones de trabajadores, ni siquiera calificará para recibir la pensión mínima que garantiza el Estado, que es de 110 dólares mensuales. En otras palabras, su inversión en las AFPs rinde menos de 110 dólares mensuales, y el Gobierno chileno tiene que aportar la diferencia para completar esa cantidad <i>por fuera del presupuesto federal.</i> Pero la mayoría de la gente en esta situación ni siquiera solicita esta “pensión asistencial” que ofrece el Estado, misma que hoy asciende a unos 50 dólares mensuales y que, en cualquier caso, tiene como límite otorgar 300.000 de tales pensiones; y la lista de espera es larga. Para calificar siquiera para semejante ayuda, un trabajador tiene que probar que es “indigente” (al igual que con las reformas fascistas del plan Hartz IV en Alemania). El único recurso que le queda es sacar los escasos fondos acumulados en su cuenta individual de pensión una vez que pasa al retiro; eso asumiendo que la especulación de su AFP con derivados financieros no los haya perdido.<br /><br /></div><div>En resumidas cuentas, sólo 1,2 millones de trabajadores chilenos —apenas 20% de la fuerza laboral del país— califican para recibir una pensión mayor al mínimo de 110 dólares mensuales.<br /></div><h4>Enron no tuvo nada que ver con las AFPs de Chile</h4><div>La verdad es que el sistema privado de pensiones de Chile es una enorme estafa a la Enron. Los tiburones financieros que la organizaron nunca pretendieron que fueran otra cosa que un mecanismo para saquear la fuerza laboral y la economía física, mientras que ellos y sus depredadores financieros aliados sacaban jugosas ganancias.<br /><br /></div><div>Para empezar, las AFPs cobran comisiones leoninas por sus servicios. El Superintendente de las Administradoras de Fondos de Pensiones (SAFP) calculó que, para marzo del 2002, entre 25 y 32% de cada retención salarial obligatoria fue para pagar las “comisiones” de las AFPs. Un informe del Plan de Desarrollo de las Naciones Unidas de mayo del 2002, escrito en colaboración con expertos chilenos, encontró que la cifra asciende a cerca de 500 millones de dólares en comisiones anualmente. Entre 1981 y diciembre del 2000, las comisiones sumaron 6.200 millones de dólares. Comparando a <i>grosso modo</i> esta cifra con los 35.500 millones en activos administrados por las AFPs hasta fines del 2001, representa cerca del 20% del total.<br /><br /></div><div>Según el informe, los dueños de las AFPs obtuvieron ganancias promedio del 33,8% en el 2001, y del 50,1% en el 2002 (un año de recesión económica en Chile). Uno de los fondos más grandes ¡obtuvo ganancias del 209,8% ese año! De 1997 al 2004 la utilidad anual promedio fue de un nada despreciable 50%. El profesor chileno de Derecho Juan Gumucio correctamente señaló que los administradores de las AFPs “ganan más dinero que los narcotraficantes que venden polvo blanco”.<br /><br /></div><div>CENDA concluye que el sistema privatizado de pensiones del país es la “industria más protegida en la historia de Chile, creada por los que criticaron nuestra protección previa de la industria”. Los Chicago Boys de Shultz no están en contra del proteccionismo, siempre y cuando ellos sean los beneficiados.<br /><br /></div><div>Al tiempo que las AFPs se sacaron la lotería, no fue lo mismo para sus afiliados. ¿A dónde fue a parar su dinero? En 1981 el total de los activos administrados por las AFPs era de unos 22 mil millones de dólares. Un informe del Banco Mundial de 1997 documentó que, aunque el rendimiento promedio de los fondos invertidas de los trabajadores empezó en 12,7% en 1982, cayó de forma progresiva en el transcurso de la década siguiente. Según un estudio de la Fundación Century, para 1994 más de la mitad de las AFPs reportaban pérdidas. En 1995 alrededor de dos terceras partes de lo que entonces eran 25 mil millones de dólares de un fondo nacional de pensiones, estaban invertidos en instrumentos financieros altamente especulativos ligados a la burbuja internacional de los derivados. En septiembre de 1995 los fondos perdieron 1.500 millones de dólares de su valor, con un rendimiento negativo real del −2,5% ese año.<br /></div><div>Un estudio de la firma bursátil chilena CB Capitales encontró que el verdadero rendimiento de las cuentas individuales de las AFPs ha promediado sólo 5,1% desde 1982.<br /><br /></div><div>Hoy 33% de los fondos de las AFPs, que ascienden a 36 mil millones de dólares, está invertido en la deuda del Gobierno chileno, la cual, en las condiciones actuales de derrumbe del dólar y de trastorno financiero mundial, difícilmente puede calificarse de estable. Las regulaciones actuales permiten invertir hasta un 12% de los fondos en el extranjero (y hay presión para aumentar ese porcentaje), y es muy probable que esta tajada termine en los inestables mercados globales de derivados. El resto va a parar a los inestables valores hipotecarios y a la deuda de los bancos.<br /></div><h4>Los dueños sinarquistas</h4><div>¿Quiénes son los verdaderos dueños de las AFPs chilenas? Luego de comenzar con 18 fondos en 1981, hoy sólo quedan 6, y 5 de ellos están en manos de extranjeros, que controlan 94% de los activos administrados (ver <b>tabla 1</b> ).[FIGURE 301][FIGURE 302] En otras palabras, los Chicago Boys de Shultz le entregaron a sus compinches banqueros sinarquistas internacionales más de 36 mil millones de dólares que les pertenecen a los trabajadores chilenos. No es un mal botín.<br /><br /></div><div>Tomemos el caso del BBVA de España, el cual controla casi una tercera parte del sistema de pensiones chileno. El Banco Bilbao Vizcaya Argentaria tiene nexos históricos con los círculos de lavado de dinero sucio, y —junto con Banco Santander— ha sido la fuerza motriz de la recolonización imperial española de todo el sistema financiero de Iberoamérica, a nombre de intereses británicos. Banco Santander, el cual controla una de las principales AFPs de Chile, también es el mayor banco extranjero en Iberoamérica, pues controla 9% de los activos bancarios del continente.<br /><br /></div><div>Banco Santander es una verdadera fichita. Es un antiguo banco oligárquico español que data de 1857, y cuyo actual propietario, Emilio Botín, es considerado el hombre más rico de España.<br /><br />Con Botín, Santander estableció una “alianza estratégica” en 1987 con nada más ni nada menos que el Royal Bank of Scotland (RBS), que está en el centro del aparato financiero de la familia real británica. Uno de los miembros principales de la directiva del RBS, el Earl de Airlie, hasta 1984 fue presidente de Schröders plc, el banco mercantil británico que, con su filial alemana, ayudó a financiar la subida de Hitler al poder en los 1930.<br /><br /></div><div>En 1999 Santander selló una segunda alianza estratégica con otra institución financiera sinarquista de hueso colorado: Assicurazioni Generalli, la infame y ultrapoderosa aseguradora veneciana que ayudo a poner a Mussolini en el poder en Italia.<br /><br /></div><div>Paso que daba Chile rumbo a la privatización del Seguro Social, paso que el resto de Iberoamérica seguía (ver <b>tabla 2</b> ). Los únicos países que todavía no lo hacen son Brasil y Venezuela. De los cinco principales sistemas privatizados, Chile es por mucho el más grande. Como también muestra la <b>tabla 2,</b> el nivel de control extranjero en esos cinco países es de un impresionante 89%, sobrepasando incluso el nivel de control bancario extranjero, el cual promedia un 62%.<br /><br /></div><div>Pero son los mismos bancos sinarquistas extranjeros los que controlan tanto a las AFPs como a los bancos comerciales: BBVA, Santander y Citibank (ver <b>tabla 3</b> ).[FIGURE 303]<br /></div><div>¿A esto es a lo que se refiere Bush cuando dice que los EU deben de seguir el modelo chileno de reforma al Seguro Social? ¿De veras quieres poner tu pensión en manos de los mismos banqueros sinarquistas que pusieron a Hitler y a Mussolini en el poder?<br /></div><h4>2.  La economía: resucitando a un muerto</h4><div>Veamos ahora el proceso económico más amplio del cual formó parte la privatización del Seguro Social de Chile; es decir, los otros aspectos del modelo chileno que Bush y sus amigos también pretenden calcar aquí. Para esto, recurrimos a un estudio que publicó <i>Resumen ejecutivo</i> en su número de la 1?? quincena de julio de 1995, y que desenmascaró el fraude que hubo detrás de la publicidad del llamado “milagro económico chileno”.<br /><br /></div><div>El 11 de septiembre de 1973 el general Augusto Pinochet encabezó un golpe militar que derrocó al Gobierno socialista de Salvador Allende. Con Pinochet, Chile devino en el primer país del mundo en adoptar la charlatanería del premio Nobel de economía de 1976, Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, lugar donde George Shultz era <i>la</i> principal lumbrera económica.<br /><br />Desde el principio todos los asesores económicos clave de Pinochet eran Chicago Boys apoyados directamente por Friedman.<br /><br /></div><div>Como escribiera el <i>Economist</i> de Londres en su edición del 3 de junio de 1995, “por 25 años, Chile ha sido un laboratorio de experimentos políticos y económicos radicales, un conejillo de indias científico social”.<br /><br /></div><div>Estos fanáticos pronto transformaron a Chile en un escaparate del libre mercado. En la década siguiente hubo una reducción drástica de los aranceles; la moneda se dejó a la libre flotación; la mayor parte del enorme sector estatal fue privatizado y liquidado por una bicoca; el gasto del gobierno cayó por los suelos, en especial en el renglón del bienestar social; y el empleo y los salarios cayeron en picada, alimentando una descomunal burbuja especulativa.<br /><br /></div><div>El componente laboral de la política fue particularmente brutal. Según el libro de 1996 <i>Chile: The Great Transformation</i> (Chile: la gran transformación) de Javier Martínez y Álvaro Diz, la política laboral de entre 1973 y 1979 estuvo caracterizada por una “desregulación salvaje”. Los sindicatos desaparecieron, y las contribuciones del gobierno a los sindicatos, las negociaciones colectivas de trabajo y los aumentos salariales regidos por un índice quedaron eliminados. Uno de los renglones principales del paquete de reforma laboral introducido en 1979 por el ministro del Trabajo de Pinochet, José Piñera —el futuro arquitecto de la privatización del Seguro Social—, fue la abolición del salario mínimo.<br /><br /></div><div>Al principio, a las federaciones sindicales sólo les permitieron tener una función de asesoría, pero para 1981 las desaparecieron del todo. El derecho a huelga era permitido, pero sólo por un máximo de 60 días, después de los cuales los patrones podían declarar un cierre patronal, clausurar la empresa, despedir empleados, etc. Podía despedirse a los trabajadores sin motivo alguno. Para 1980 el número de trabajadores sindicalizados disminuyó a menos del 10% de la fuerza laboral. El tamaño promedio de los sindicatos quedó reducido a una tercera parte.<br /><br /></div><div>Para 1989 el trabajador promedio estaba en peores condiciones que en 1970, y la tasa de pobreza alcanzó el 41,2%. Mientras que en 1970 el 40% de la población más pobre ingería 2.019 calorías en su dieta diaria, para 1980 esta cifra cayó a 1.751 calorías, y a 1.629 para 1990. Entre 1972 y 1988 el porcentaje de chilenos sin vivienda adecuada aumentó de 27 a 40%. Hubo un crecimiento desordenado de las barriadas alrededor de Santiago, así como en otras ciudades importantes donde los pobres en su mayoría comían en comedores de beneficencia.<br /></div><div>En 1975 el desempleo llegó al 18,7%, y registró un <i>promedio</i> del 15,7% en los 10 años siguientes. En cierto momento en 1983 el desempleo fue de 34,6%.<br /><br /></div><div>Hoy 77% de la fuerza laboral no ha terminado la educación media, y un 72% cae en la categoría de no calificada o semicalificada. Según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Chile sólo 30% de los empleos pueden calificarse como “decentes”, o sea, como un trabajo en el que existe un contrato laboral y se paga un salario justo que le permita al trabajador vivir con dignidad.<br /><br /></div><div>En estas condiciones inhumanas, 83% de los trabajadores trabaja un promedio de 11 horas diarias —el límite legal es de 10 horas—, según la Dirección del Trabajo de Chile.<br /><br /></div><div>En resumen, en las tres décadas desde que le impusieron a Chile las políticas británicas del libre mercado, la mayoría de los renglones de su <i>economía física</i> —que no deben confundirse con parámetros monetarios engañosos como el producto interno bruto (PIB)— cayeron per cápita y por hogar. Sin embargo, en este período la burbuja especulativa de la deuda externa se multiplicó varias veces, mientras que los intereses de dicha deuda fueron pagados con religiosidad a los bancos acreedores y al FMI.<br /><br /></div><div>Estas políticas sumieron al país en la bancarrota a fines de 1982, pero entonces las continuaron en una forma algo modificada desde 1983 hasta el presente. Al imponerle un nuevo paquete de ahorro drástico forzoso —incluyendo la privatización del fondo nacional de pensiones—, los banqueros se las arreglaron para seguir saqueando la economía a fin de pagar la deuda externa.<br /></div><div><br />Para la élite financiera internacional, Chile es un experimento que demuestra cómo puede saquearse a un país hasta el punto de la desintegración, y luego saquearlo otra vez. Como el <i>Economist</i> de Londres ni tardo ni perezoso le aseguró a sus lectores, “el derrumbe de 1982, a pesar de todo, no provocó ninguna desviación fundamental de los objetivos básicos de la liberalización comercial y de contar con un sector estatal menguante”. En cambio, Chile alteró ligeramente las mismas políticas neoliberales, puso la inflación monetaria bajo control, y estableció una nueva base más estable para continuar con el saqueo de la deuda. El 6 de junio de 1995 el <i>Washington Post</i> explicó el asunto: lo que Chile demuestra es que “los caídos pueden volverse a levantar. . . luego del espectacular derrumbe económico del país en 1982”.<br /></div><h4>El mito desaparece</h4><div>Veamos el desempeño de la economía física de Chile desde 1970 hasta principios de los 1990, medida en <i>unidades físicas</i> (toneladas, megavatios–hora, etc.) per cápita, por hogar y por kilómetro cuadrado. Y después veamos sus tendencias en yuxtaposición con el crecimiento de la burbuja de la deuda externa del país en las últimas décadas.<br /><br /></div><div>La <b>gráfica 2</b> [FIGURE 32] muestra la creación de canastas básicas de bienes de consumo, de producción y de infraestructura en Chile, como las midió en términos per cápita el estudio de <i>Resumen ejecutivo</i> de 1995. La primera curva a analizar es la de la producción de bienes de consumo. Noten que <i>no</i> es un índice de consumo —que también tendría que tomar en consideración las importaciones y las exportaciones—, sino más bien la habilidad de la economía chilena de producir sus propios bienes de consumo. Aunque los productos que incluye el índice (cereales, carne, leche, leguminosas, frutas y verduras, automóviles y televisores) de ningún modo están detallados, sí bastan para indicar la tendencia y la magnitud general de los cambios involucrados.<br /><br /></div><div>Como muestra la <b>gráfica 2,</b> la producción de bienes de consumo de Chile ya iba cuesta abajo con Allende en 1970–1973, y después se hundió otro 13% (de un índice de 100, a 87) en los primeros nueve años del reinado de los Chicago Boys. Aunque ha habido una recuperación marginal desde 1982, el nivel de 1992 todavía era 6% inferior al de 1973. En otras palabras, luego de dos décadas del dogma del libre comercio, la economía física de Chile es aun <i>menos</i> capaz hoy de satisfacer las necesidades de consumo de su propia población, de lo que era cuando los Chicago Boys tomaron el poder. En esta categoría la producción de alimentos fue relativamente mejor que la de bienes de consumo manufacturados.<br /><br /></div><div>La <b>gráfica 2</b> también muestra un índice de producción de una canasta de nueve bienes de producción por hogar, que fue apenas marginalmente mejor que el de bienes de consumo. Después de una década de estancamiento, el índice subió a un nivel de apenas 135 en 1991. Si analizamos el período desde 1973, esto promedia un ritmo de crecimiento de menos de 1,7% anual. Aunque, por supuesto, esto es mejor que una disminución, semejante ritmo de crecimiento es patético comparado con casos de veras exitosos de desarrollo económico, tales como Corea del Sur o Japón, que seguido muestran tasas de crecimiento real de más del 10% anual en las mismas categorías.<br /><br /></div><div>Cabe señalar que la categoría de bienes de producción incluye tanto productos manufacturados como la producción minera y de otras materias primas. Cuando observamos con cuidado, resulta que el componente manufacturero del índice creció con mucha mayor lentitud que el promedio; en otras palabras, la mayor parte del crecimiento de Chile en los bienes de producción luego de 1982 vino de materias primas como el cobre. La producción de cobre por hogar aumentó 79% entre 1973 y 1993, promediando un ritmo anual del 3%, casi el doble que toda la categoría de bienes de producción. La producción de cobre, así como la de otras materias primas, fue impulsada para la exportación, más que para el consumo doméstico. Esto apunta al hecho de que los pocos renglones en los que la economía física de Chile <i>sí</i> creció, fueron principalmente los que benefician la exportación, para poder abonarle a la deuda externa, y no la clase de producción industrial que desarrolla la economía interna.<br /><br /></div><div>La <b>gráfica 2</b> también muestra el comportamiento de un índice de producción de bienes de infraestructura. Esto incluye la “infraestructura dura”, como el número de envíos de carga por ferrocarril y la capacidad eléctrica instalada por hogar, y los indicadores de la “infraestructura blanda”, entre ellos el número de camas de hospital y la cantidad de inscripciones escolares per cápita. Es aquí donde uno aprecia el impacto más profundo de los cortes al gasto gubernamental de Chile al estilo de la Revolución Conservadora de los EU, pues la infraestructura tiende a depender mucho más de la intervención directa del Estado que las categorías de los bienes de consumo o de producción. Como muestra la grafica, la infraestructura fue devastada en la primer década de destrucción de los Chicago Boys, y continuó decayendo en la segunda década. En este período de 20 años Chile perdió más de una cuarta parte de la capacidad de su infraestructura instalada.<br /><br /></div><div>Ésta es una catástrofe físico–económica. El desarrollo de la infraestructura desempeña una función vital en una economía viable, al mejorar la productividad del trabajo en general. Así, un derrumbe del 26% en la infraestructura implica un descenso impresionante en la eficiencia, y aumenta el costo social de la producción en todas las esferas de la economía.<br /><br /></div><div>Comparen esto con el crecimiento geométrico de la cancerosa deuda externa de Chile, de 1973 a la fecha (ver <b>gráfica 3</b> ).[FIGURE 33] Mientras que la economía física del país iba decayendo, los Chicago Boys y sus patrocinadores internacionales estaban gestando una gigantesca burbuja de deuda externa especulativa. De apenas 3 mil millones de dólares en 1973, creció por unos años, y luego en 1977 se disparó por las nubes. En tres años se duplicó, de 6 mil millones de dólares a 12 mil millones, y para 1982 había sobrepasado los 17 mil millones. Hoy anda en 43 mil millones de dólares. Como muestra la <b>gráfica 3,</b> la deuda externa de Chile ha aumentado más de diez veces en las últimas tres décadas.<br /><br /></div><div>Como muestra la <b>gráfica 4,</b> [FIGURE 34] en 1980 la deuda externa era de 12 mil millones de dólares, y en los siguientes 23 años Chile pagó un total de 42 mil millones en intereses acumulados. Sin embargo, a pesar de que en este período solamente de intereses se pagó tres veces y media la deuda original, para el 2003 la deuda externa <i>aumentó</i> de 12 mil millones de dólares a 43 mil millones. En otras palabras, 12−42 = 43, según parece. Esto es lo que puede llamarse la “aritmética de los banqueros”.<br /><br /></div><div>Semejante pago sistemático de su deuda externa a costa de la economía física, ha colocado a Chile a la cabeza del grupo de naciones iberoamericanas en el pago de intereses per cápita Üsc(ver <b>gráfica 5</b> ),Üec con un total acumulado de 1.615 dólares per cápita pagados entre 1981 y 1993. Sólo Venezuela pagó más que eso.<br /><br /></div><div>Chile pudo hacer esto, en especial de 1982 en adelante, porque toda la economía fue destazada para cortar de forma drástica el consumo nacional, y para canalizar en cambio una porción siempre mayor de la producción nacional a la exportación, a fin de obtener dólares para pagar deuda.<br /></div><div>¿Es ésta la política que quieres que Shultz y Bush reimporten de vuelta ahora a los EU?<br /></div><h4>3.  El terror político: la maquinaria asesina de la Operación Cóndor</h4><div>A George Shultz le encanta alegar que sólo está a favor de la política <i>económica</i> del modelo chileno, y no de sus “excesos políticos”. Por ejemplo, en una entrevista que le concedió a la televisora PBS en octubre del 2000, dijo que Chile “contaba con la única economía decente de Sudamérica a mediados de los 1980 y después”, pero que la dictadura de Pinochet “sin duda hizo cosas innecesariamente brutales en el proceso”. El zar de la privatizaron del Seguro Social, José Piñera, también gusta de lavarse las manos en cuanto a las “violaciones a los derechos humanos” ¡que el Gobierno al cual sirvió durante años cometió!<br /><br /></div><div>Pero hay un hecho que Shultz y Piñera conocen perfectamente bien: el terror político, la represión, los secuestros, los asesinatos y el genocidio descarados de la era de Pinochet fueron el elemento <i>sine qua non</i> del “éxito” del modelo económico chileno. Fueron parte integral del saqueo de corte nazi de la fuerza laboral y la economía física chilenas.<br /><br /></div><div>Primero, el sangriento golpe de Pinochet del 11 de septiembre de 1973 fue orquestado por los sicarios sinarquistas George Shultz y Henry Kissinger desde el Gobierno de Richard Nixon, como todo mundo sabe.<br /><br /></div><div>Segundo, a lo largo de su régimen de 1973–1990, Pinochet silenció la disidencia bajo su bota militar. El anciano dictador enfrenta hoy el enjuiciamiento por varios de estos casos, incluyendo el secuestro de nueve disidentes y el asesinato de uno de ellos durante su régimen. Como el juez chileno Juan Guzmán dictaminó el 13 de diciembre de 2004 que Pinochet, de 89 años de edad, era “mentalmente competente para enfrentar un proceso criminal en Chile”, el caso procederá, y quizás se le sumen cargos relacionados con 8 millones de dólares (de un total de 15 millones) que Pinochet depositó en cuentas secretas del Riggs Bank en Washington, D.C.<br /><br /></div><div><p>El asesor financiero de Pinochet, Oscar Aitken, le ha dicho a la prensa que el presidente del Riggs, Joseph Albritton, administraba personalmente las cuentas de Pinochet en ese banco, y que era el “mayor admirador de Pinochet del mundo bancario”. Según Aitken, Albritton le “prometió, y le dio, tasas de interés que duplicaban el capital del general Pinochet cada tres años”.</p><p>El Congreso chileno también está investigando los negocios de 38 parientes de Pinochet por lavado de dinero y evasión fiscal. Es revelador que el yerno de Pinochet, Julio César Ponce Lerou, fuera presidente de la agencia del Gobierno que supervisó la privatización de todas las empresas estatales durante la dictadura.</p></div><div><p class="style39">Las operaciones Cóndor y Gladio</p></div><div>Pero el control sinarquista internacional vertical ejercido sobre el aparato de terror asociado con la dictadura de Pinochet, puede verse con mayor claridad en la Operación Cóndor, en la cual las fuerzas militares y de inteligencia chilenas trabajaron con sus contrapartes de otros cinco países sudamericanos —Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay— de mediados de los 1970 a principios de los 1980.<br /><br /></div><div>Lyndon LaRouche describió esta operación en los siguientes términos, en un diálogo que tuvo a mediados de diciembre del 2004 con jóvenes australianos:<br /><br /></div><div>“El Gobierno de Pinochet y el golpe que llevó a Pinochet al poder en 1973 fueron parte de lo que bautizaron como la Operación Cóndor. La Operación Cóndor en realidad fue una operación homicida tipo Gestapo SS, usando como núcleo a gente que había sido exiliada de la Alemania Nazi, vía España, en las Américas. Eran parte de la llamada ‘línea de ratas’ nazis, nazis que eran buscados y que tuvieron suerte de encontrar nichos para su existencia en Bolivia (como en el caso de Della Chiaie, de Italia, quien era un nazi), Chile y Argentina.<br /><br /></div><div>“Desde principios de los 1970 hubo miles de muertos, de desaparecidos, en una operación de tortura y asesinato dirigida por estos nazis, llamada Operación Cóndor.<br /><br /></div><div>“En la Operación Cóndor el entonces dictador de Chile, Pinochet, era una figura clave. Otra figura central, por supuesto, fue Henry Kissinger, quien entonces era secretario de Estado; y también, más importante que Kissinger, lo fue George Shultz, quien es la figura decisiva de lo que llamaron los ‘Chicago Boys’, y quien organizó todo el paquete, incluso la dictadura de Pinochet y la inauguración de éste del sistema del Seguro Social en Chile”.<br /><br /></div><div>Al igual que la Operación Gladio de la OTAN en Europa, con sus unidades de “retaguardia”, Cóndor incluyó a ex criminales de guerra nazis y de las SS que huyeron de Europa después de la Segunda Guerra Mundial a través de las mentadas “líneas de ratas”, además de fascistas de segunda generación. Por ejemplo, una de las actividades de la Operación Cóndor fue el apoyo al “golpe de la cocaína” de 1980, orquestado en Bolivia por el emigrado nazi Klaus Barbie.<br /><br /></div><div>La dirigencia de la Operación Cóndor salió de las facciones sinarquistas de las fuerzas armadas de la región, las cuales se coordinaban con las redes neofascistas que había detrás de la Operación Gladio y de la estrategia de tensión que engendró en Europa, en especial en Italia.<br /><br />Estos sinarquistas de la Operación Cóndor mataron, torturaron y “desaparecieron” a miles de iberoamericanos, para que Shultz y sus Chicago Boys pudieran aplicar sus políticas, no sólo en Chile, sino también en otros países de la región, como Argentina. En ese país, un golpe militar puso en el poder al oligarca capacitado por británicos José Martínez de Hoz a cargo de la economía del país en 1976, como ministro de Finazas. Sus políticas recuerdan mucho las de los Chicago Boys de Chile.<br /><br /></div><div>Shultz, Kissinger y compañía supervisaban el proyecto sudamericano desde la cúspide. En el terreno, el terrorismo desatado por los sinarquistas de izquierda alimentó la barbarie militar de la Operación Cóndor, que terminó por tragarse a la región en una “guerra sucia” que atrapó a miles de inocentes en el fuego cruzado. Ejemplo de esto es la forma en la que el grupo secreto Tacuara de Argentina —una organización de los 1950 dirigida por los sinarquistas— se dividió en dos en los 1960: por un lado en los Montoneros, que son terroristas de izquierda, y por el otro en los Tacuara, el grupo terrorista de derecha. Estos dos grupos ayudaron a instigar la guerra sucia de los 1970, en la cual la izquierda y la derecha se masacraban mutuamente, y la destruida nación Argentina quedó indefensa en garras de las políticas perversas de Martínez de Hoz.<br /><br /></div><div>Un memorando desclasificado del FBI presenta un escalofriante informe de primera mano, de cómo funcionaban los escuadrones de la muerte de la Operación Cóndor. Escrito por el “agregado” del FBI en Buenos Aires, Robert Scherer, el 28 de septiembre de 1976, el memorando informaba que la Operación Cóndor fue creada para vigilar y realizar operaciones conjuntas “contra blancos terroristas en los países afiliados”.<br /><br /></div><div>Scherer describe el alcance internacional de la Operación Cóndor al informar de su “fase tres”. Ésta involucraba “la formación de equipos especiales de los países afiliados, quienes habían de viajar a cualquier parte del mundo a países no afiliados para imponer sanciones —incluso el asesinato— contra terroristas o simpatizantes de organizaciones terroristas de los países afiliados de la Operación Cóndor”. De encontrar en Europa a un “simpatizante de terroristas” de un país afiliado, un equipo especial sería enviado al país en cuestión a “localizar y vigilar” el blanco; entonces un segundo equipo sería desplegado para imponer la “sanción” contra el mismo. Francia y Portugal fueron identificados como los países europeos mencionados “para posibles operaciones en la tercera fase de la Operación Cóndor”.<br /><br /></div><div>El memorando también discutía la probabilidad de que el asesinato del ex ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Orlando Letelier, en Washington, D.C., en 1976, lo hubiera realizado un equipo de la Operación Cóndor: “No escapa al ámbito de la posibilidad el que el reciente asesinato de Orlando Letelier en Washington pudiera haberse ejecutado como una tercera fase de acción de la Operación Cóndor”. El ciudadano estadounidense Michael Townley, quien luego fue condenado por organizar el asesinato de Letelier, no sólo era miembro de la policía secreta chilena, la DINA, sino que se dice trabajó con italianos fascistas vinculados a la operación Gladio.<br /><br /></div><div>Los hechos que rodearon el intento de asesinato contra el ex vicepresidente chileno Bernardo Leighton mientras visitaba Roma en octubre de 1975, sugieren que hubo una coordinación más directa entre las operaciones Cóndor y Gladio. Dos neofascistas italianos, Pier Luigi Concutelli y Salvatore Falabella, aliados del notorio nazi Stefano delle Chiaie, le dispararon a Leighton y a su esposa cuando regresaban a su departamento. Los dos sobrevivieron al ataque.<br /><br /></div><div>Los informes indican que Augusto Pinochet y el general Manuel Contreras (jefe de la DINA) se reunieron en 1975 con los dos sicarios italianos cuando asistieron al funeral del fascista español Francisco Franco en Madrid. Se dice que Contreras mantuvo una relación con Della Chiaie.<br /></div><div>Entonces, éstos son los nazis que impusieron la privatización del Seguro Social al estilo chileno. ¿Estás dispuesto a dejarlos dirigir a los EU también?<p class="style32"><font face="Arial,Helvetica,Geneva,Swiss,SunSans-Regular" size="-1"></font></p></div></div></body>