LOS PRÓXIMOS CINCUENTA AÑOS DE LA TIERRA - EL CAMINO A LA REGULACIÓN, EL CRÉDITO Y EL CAPITAL

31 de marzo de 2005
Envíalo a un amigo

LOS PRÓXIMOS CINCUENTA AÑOS DE LA TIERRA

2. VERNADSKY Y LA ECONOMÍA FÍSICA

•••El camino a la regulación, el crédito y el capital

EL CAMINO A LA REGULACIÓN, EL CRÉDITO Y EL CAPITAL

Ahora llamo tu atención directamente a las cuestiones de diseño de orientación económica de las políticas generales de regulación económica, crédito y capital en y entre las naciones. Estas cuestiones de ningún modo están solamente al margen de la cuestión de un diálogo de culturas. Son cuestiones de una importancia de vida o muerte para la mayor parte de la población mundial hoy.

Para mantener lo más simple posible el razonamiento a seguir, el principio de la regulación económica de los gobiernos es, en efecto, el siguiente:

Empieza con el asunto de la regulación de precios. En la relación inicial de este asunto ahora, me refiero a los precios monetarios relativos; sin embargo, el razonamiento en cuanto a principio no se basa en el precio monetario, sino que aborda estos problemas desde la perspectiva de un precio físico.

En última instancia, luego de hacer las concesiones razonables en los ajustes temporales necesarios a corto y mediano plazo, el precio del capital físico requerido para producir una cierta cantidad y calidad de producto no debe caer por debajo de un nivel en el que el precio de los bienes corresponda a lo necesario, definido en términos físicos, para satisfacer tanto la producción continua de bienes como el mantenimiento, remplazo y desarrollo progresivo del capital físico indispensable que mantenga y mejore esa cantidad y calidad de producto en el largo plazo de los ciclos de capital.

Este nivel comprende el costo de mantener los hogares de los obreros actuales y futuros a niveles culturales de ingreso físico congruentes, no sólo con el trabajo que se espera que desempeñen, sino con el nivel cultural general siempre en ascenso requerido para toda la población. El precio de los bienes mismos también debe incluir los cargos hechos a esa producción para el sostén de los hogares de los obreros y del personal indispensable de la empresa, y el apoyo apropiado al gobierno y a la infraestructura económica básica de la que dependen las operaciones de esa empresa.

Esas consideraciones y otras relacionadas determinan la base para calcular lo que recibe el nombre de un precio justo. De ahí que, de eso parecería desprenderse que, en principio, si el precio no es justo, está mal. A largo plazo, eso tiene que convertirse en el efecto pretendido y alcanzado.

Sin embargo, llegar a una calidad y cantidad de desempeño a corto y mediano plazo que corresponda con la ejecución de ese resultado pretendido a largo plazo, no es cualquier cosa. En conexión con esto, hay consideraciones que el mundo y sus naciones en lo individual tienen que tomar en consideración ahora, que pueda que otros hayan abordado antes, de forma periférica, pero que al momento son de una importancia decisiva y tienen que abordarse, como lo hago ahora, de una forma completamente nueva, eso a la luz de las implicaciones prácticas del concepto de Vernadsky de la noosfera para la toma de decisiones hoy.

A la larga, cualquier reducción forzada de los precios del producto de una nación por debajo del nivel del precio justo, es tan demente como inmoral. Pero —es un pero más bien grande— aun así hay algunas clases de excepciones de corto a mediano plazo permisibles que califican, incluso excepciones necesarias a esta regla, en el relativo corto plazo. Explicaré ese asunto recurriendo al empezar con unos pocos aspectos secundarios pertinentes y a veces curiosos, para ilustrar la historia de este problema en la toma de decisiones. Tras esa breve importunación pedagógicamente útil de los posibles prejuicios del lector sobre este tema, para relajar la discusión en este campo especial de estudio, regresaré nuestra atención a la médula del asunto, la cual acabo de describir en términos amplios. Como mostraré de forma resumida aquí, las cosas no son tan simples como hasta a la mayoría de los llamados expertos les han enseñado a entender; para nada.

En ocasiones a las naciones las han obligado a optar, en lo que prácticamente es su propio libre albedrío en la toma de decisiones, por bajar los precios de sus bienes y salarios por debajo de los niveles del precio justo, como ha venido haciéndolo China, en tanto política, por aproximadamente el último cuarto de siglo.

Esta política de China y de algunas otras naciones en vías de desarrollo, es lo que el alguna vez famoso economista soviético de los 1920 y principios de los 1930, Preobrajenski, llamó la acumulación primitiva socialista. En sus escritos, eso significaba emprender el desarrollo industrial soviético de los 1920, y hasta quizás un poco después, transfiriendo parte del capital físico que pudiera generarse en el sector agrícola al sector industrial, a los precios mundiales entonces vigentes. Esto podía hacerse mediante recursos tales como fijar los precios agrícolas relativos para el consumo interno por debajo de lo que sería el nivel calculable del precio relativamente justo a pagar al sector agrícola en ese entonces. Hoy China usa mano de obra barata para producir bienes para el mercado mundial, a fin de acumular tecnología avanzada a modo de inversiones de capital físico para la China de la próxima generación.

Rosa Luxemburgo, la economista socialista más sana y talentosa de principios del siglo 20, usó el término acumulación primitiva al modo de Preobrajenski, con un efecto similar.Preobrajenski usó la noción de la acumulación primitiva socialista, para distinguir entre el motivo de tal medida soviética y la función de la acumulación primitiva en la práctica de la orientación financiera imperial como la describe Luxemburgo. De otro modo, el problema que abordó no era específicamente soviético ni peculiar de las economías clasificadas, hasta antes de 1989, como naciones con constituciones socialistas. Es un reto común, y seguido una amenaza, que enfrentan las economías de las naciones en vías de desarrollo, aun desde antes de los cambios radicales de 1971–1972 que sufrió el sistema monetario mundial.

Preobrajenski vio la necesidad de que la joven república soviética aceptara el uso de una política que empleara la acumulación primitiva en representación de una pérdida de lo que habría sido un nivel de precio justo, mediante el recurso de sus actividades de importación y exportación, así como de sus políticas nacionales. Él consideraba esto una pérdida temporal sufrida en el interés de desarrollar la economía soviética a niveles de una paridad relativa con la productividad física de otras naciones europeas. Los ataques faccionales del fundador de la oposición izquierdista soviética, Preobrajenski, contra las políticas del funcionario soviético Bujarin en ese entonces,iban al meollo de esa definición de la acumulación primitiva de un modo que apunta a la importancia estratégica actual de las políticas monetarias y de inversión extranjera de China, políticas cuya importancia el necio Gobierno de George W. Bush simplemente hoy parece ser incapaz de entender, o quizás otro motivo peor.

Como ya señalé aquí, las propuestas e intervenciones de Preobrajenski en este sentido hacían eco de los conocimientos que arrojaban los escritos de Rosa Luxemburgo, tal vez la única economista competente entre las figuras socialistas de las primeras décadas del siglo pasado. De forma notable, ella, en oposición a todos sus principales rivales socialistas en el mundo entonces, entre los que destacaba Vladimir I. Lenin, rechazó el supuesto (de hecho) infantilmente popular de que el surgimiento del “imperialismo” era un resultado válido del desarrollo del capital industrial, de un modo que, insistían, debía preverse como un producto natural de las “leyes del capitalismo” como le eran atribuidas a Karl Marx, en tanto que Luxemburgo, quien no padecía de semejantes debilidades ideológicas mentales en cuanto a las doctrinas de Marx en este respecto, reconoció que el imperialismo de ese período reflejaba el papel (en realidad de corte veneciano) que tenían los préstamos financieros internacionales.

La obra del especialista del Departamento de Estado de los EU, Herbert Feis, documentó más tarde la misma conclusión planteada por Luxemburgo. Es una conclusión que también podemos derivar del estudio de la actual función que ha tenido el George Shultz estadounidense en la política exterior desde que empezó la desintegración del sistema de Bretton Woods en 1971–1972, así como la función tradicional y permanente del Reino Unido, de la que son típicas las conexiones del Banco de Escocia, en tanto principal potencia imperialista hasta la fecha.

Es imposible entender nada de importancia sobre los aspectos económicos de las relaciones entre Europa y el otrora (y también, de hecho, actual) mundo colonial, sin caer en el centro de polémicas, y también de guerras, cuyo rasgo central es el mismo asunto de la acumulación primitiva.

Observa esta cuestión, el asunto de la acumulación primitiva, desde la perspectiva que representa mi obra, del modo que mi reciente acento acrecentado en las definiciones de Vernadsky de la noosfera han ampliado de forma significativa y mejorado en otros sentidos mis propias opiniones de larga data desarrolladas al respecto.Esto nos lleva, más bien de forma directa, como lo implica mi referencia a China, al asunto de delinear las políticas de las naciones en materia de finanzas y regulación, un aspecto fundamental de cualquier conducción competente de un diálogo de culturas. El estudio de las áreas temáticas que sacaron a relucir razonamientos tales como los de Luxemburgo y Preobrajenski sobre el tema de la acumulación primitiva, atraerían nuestra atención, de manera bastante útil aun hoy día, a un cuerpo más amplio de principios generales de importancia extraordinaria para la delineación tanto pasada como presente de políticas nacionales en general, y para que una comunidad de Estados nacionales soberanos en cooperación supere los desafíos planteados por las nuevas tendencias dominantes que ya están en marcha ahora.

Procedamos ahora de conformidad abordando el tema de arriba a abajo, por así decirlo.

No puede haber un estudio de economía competente que no empiece por centrar su atención en la diferencia esencial que existe entre el hombre y las bestias. Esto lo ilustra el aumento de la población humana de nuestro planeta, del nivel de los millones posibles para una especie de simio superior habitando el planeta, a los miles de millones hoy. Esta diferencia es consecuencia de un factor que no existe en ninguna especie inferior al hombre: esa facultad de hipotetizar que es la base del desarrollo de la civilización europea desde la época de Tales, Solón de Atenas y los pitagóricos, del modo que dicha facultad está sistematizada para su apreciación principalmente mediante la colección de los diálogos de Platón.

El rasgo físico característico correspondiente de la existencia de la especia humana, es el aumento de la facultades productivas del trabajo per cápita y por kilómetro cuadrado, un aumento que ocurre, y que sólo puede ocurrir, mediante los frutos de la hipotetización, del modo que lo definieron de forma resumida los diálogos socráticos de Platón.

Al hablar de ordinario de la economía, uno llega a una aproximación útil de la explicación científica en el debate de un margen de ganancia atribuible a una mejor tecnología. Los razonamientos que tienen esa forma a menudo son más o menos ciertos en tanto explicaciones empíricas. Es sólo cuando remontamos mejoras tecnológicas particulares al diseño de algún aparato experimental único para la comprobación de algún principio, del modo que Riemann define los experimentos únicos de esa trascendencia, que podemos ubicar de forma adecuada el lugar de una mejora tecnológica para representar la teoría pertinente.

Este avance sucede en el marco de lo que es ya un universo que busca su propio desarrollo. Desde la perspectiva de los escritos de Vernadsky sobre el tema de la noosfera, este avance aparece como un desarrollo propio e interdependiente entre tres formas categóricas, pero en esencia interactuantes, de existencia física, conocidas respectivamente como lo que son, desde el punto de vista del método del experimento crucial: los dominios abiótico, biótico y noético. Cada uno de ellos es un dominio en desarrollo, como lo señala el famoso aforismo de Heráclito; pero su desarrollo también es interactivo. La del hombre, es una especie que busca su propio desarrollo de forma voluntaria, y no una fija (como lo son todas y cada una de las especies inferiores en tanto especies definidas), que existe por la interacción con todos y cada uno de estos tres dominios. El conocimiento moderno muestra, del modo que Heráclito insiste y Leibniz define como “el mejor de los mundos posibles”, que nada existe en el universo, sino una cualidad de cambio de esta calidad antientrópica.

A fin de ilustrar ese concepto de un principio general de desarrollo, toma los ejemplos siguientes.

Con lo mejor del conocimiento del que nos han informado hasta ahora, el cuadro general es que nuestro Sol Cobró existencia como un objeto solitario girando a alta velocidad, el cual, de conformidad con el razonamiento de Kepler, arrojó parte de su materia a un disco a su alrededor, disco que probablemente formó un plasma polarizado en el que después el impacto de la radiación en esta región del Sol generó esas fracciones superiores de la provisión básica del sistema solar, de elementos de la tabla periódica de Mendeléiev. Entonces este material de esa región del disco fue “destilado fraccionalmente” para ocupar las trayectorias orbitales predeterminadas, de las características armónicas que Kepler calculó. Tal como Gauss lo razonó, las características de la órbita determinaron la condensación del material orbital en al menos la mayoría de los planetas y las lunas relacionadas. Más allá de eso, el universo entero es también un dominio en autodesarrollo. Así, para ese universo, la ciencia no es en lo primario un asunto de objetos fijos, sino de procesos de cambio ordenados que, en lo principal, gobiernan la generación de cualidades superiores expresadas incluso como nuevos estados físicos “revolucionarios” del universo en su conjunto.

¿Qué tan viejo es el universo? En el fondo, eso termina por ser una pregunta simplona. ¿Cómo mide uno la edad de un proceso característicamente kepleriano–riemanniano fuera del cual no hay nada, un proceso que Einstein describió con justicia como finito pero ilimitado? Por tanto, ¿mediante cuál norma concebible podríamos medir un ritmo de reacción absolutamente fundamental, o un ritmo constante de tiempo, con una vara de medir ajena al proceso de desarrollo autónomo en ese universo, una a priori? Contrario a lo que creen los gnósticos, el Creador vive en una simultaneidad eterna de lo que he definido aquí como un sistema de relaciones expresado mediante la función de los verbos vivos. Ese último es el único universo que podemos conocer mediante experimento, del modo que lo implica el razonamiento de Filón contra Aristóteles y, de forma implícita, contra Claudio Ptolomeo también. Por consiguiente, para confinar el diálogo a la realidad, son los cambios de estado en un universo que cualitativamente busca su propio desarrollo, los que debieran representar los límites escogidos que le incumben a la ciencia. El aspecto importante a remarcar es que aun el universo patentemente abiótico, mismo que el propio Creador vivo habita de forma activa, es ya un universo que procura su propio desarrollo, pasando por cambios cualitativos de estado ontológico implícitamente ordenados.

De manera que, conforme sigue saliendo el cuadro, vemos que la condición de nuestro planeta ha pasado por cambios de fase internos, todos dentro de un sistema solar en evolución, un proceso que ha rebasado lo que el método de Vernadsky considera como fósiles de lo generado en fases previas. Estos fósiles incluyen, entre otras cosas, los que son considerados recursos minerales disponibles para la humanidad, de los que en gran medida depende la economía moderna.
Los métodos que Riemann asocia con la noción de experimentos únicos, como la aplicada a material tal como la obra de Luis Pasteur y sus seguidores, entre ellos el propio Vernadsky, define la existencia de un dominio físico–experimental de los procesos vivientes y fósiles que su existencia activa produce: la biosfera, sin la cual no habría sido factible que la vida humana habitara el planeta.

El mismo método de experimentos únicos define una clase de fósiles sólo generada mediante las facultades sintéticas de hipotetización de la mente humana soberana, acumulaciones que, en un primer vistazo, son las huellas del progreso de la noosfera.

Estos tres dominios así definidos están múltiplemente conectados en el sentido de Riemann, pero de un modo tal que la humanidad le sigue en importancia al Creador vivo de este universo único que existe, y en el que está. Ninguna persona con la mente clara y que esté en éste, el único universo existente que conocemos, puede dudar de forma razonable de la sabiduría de las oraciones concluyentes del primer capítulo del Génesis mosáico sobre la naturaleza del hombre y la mujer por igual. Esto que acabo de decir sobre el hombre y la mujer es la base de todo el conocimiento humano verdadero. Este concepto de humanidad, de la humanidad así ubicada, es la única noción sólida del significado del término principios físicos universales validados mediante experimento; ésta es la base de aquello que merece llevar el nombre de ciencia, y de Razón.

Con los recientes desarrollos en nuestro planeta, hemos llegado al grado que ya no podemos depender de lo que en el pasado a menudo ha recibido el nombre de “la generosidad de la naturaleza”. Ya no podemos suponer que los procesos abióticos y bióticos del orbe, del modo que estos pudieron cobrar existencia sin la ayuda del hombre, bastan para mantener a una población humana que está tanto en expansión como en desarrollo. Hemos llegado al grado ya, que la mera contención de la expansión de la población humana sería una respuesta peor a esta aparente limitación que viene, que ocupar la mayor parte de las horas de vigilia, de día y de noche, de todos nuestros individuos en edad fértil, copulando para procrear más individuos. Sólo el desarrollo de la condición y calidad del ser humano individual puede equiparnos para vencer el reto que presentan los límites aparentes que le impone la condición ahora en ciernes de las relaciones con los dominios de lo abiótico y de la biosfera. Tenemos que dedicarnos a desarrollar el abasto de recursos abióticos y de la biosfera de los que dependerá una vida humana más duradera y mejor.

Este requisito que acabamos de expresar lo refleja el dominio de la economía política como un factor adicional de costo físico que tiene que pagarse, de manera implícita, como parte creciente del proverbial “costo de la mercancía vendida” en cada rincón de este planeta y, por consiguiente, en todo el orbe en su conjunto.

Aquí es donde la combinación de no lograr un desarrollo equilibrado de las poblaciones enteras de las diferentes naciones asiáticas, por ejemplo, y los efectos destructivos del frenesí de los últimos cuarenta años de ese mentado “cambio de paradigma cultural” conocido como la “contracultura ecológica” posindustrial, ha llevado al mundo a un estado de ruina acelerada, no sólo de la crisis económica del actual sistema mundial, sino de la inminencia de una crisis de desintegración física que amenaza a la población humana de este planeta en tanto sistema físico. Si ese hecho no condiciona la realización de un diálogo de culturas, entonces el diálogo pretendido no será de beneficio, sino más bien una catástrofe apocalíptica para toda la humanidad por generaciones aún por venir.
Ésa es la primera regla del juego para bregar con el desafío que presentan las necesidades urgentes en cuanto a la regulación del dinero, el crédito, los precios, el ingreso y la formación de capital.



Las ideas similares de Rosa Luxemburgo sobre la naturaleza económica del imperialismo aún son pertinentes en la actualidad para el estudio de la historia por parte de los planificadores de hoy. Ella fue la única figura socialista importante que entendió la necedad de los intentos chambones, tanto de Lenin como de la socialdemocracia, por explicar el “imperialismo”. Estos partían del supuesto completamente incompetente de que era un fenómeno de la expansión del capital industrial, en tanto que ella, como el especialista del Departamento de Estado de los EU, Herbert Feis, mostró después que la raíz de las formas de imperialismo económico moderno están en el dominio de los préstamos financieros internacionales, como lo mostró de nuevo de manera salvaje el desempeño del FMI y del Banco Mundial desde 1971–1972. La manera en que ella aborda estas cuestiones del imperialismo y la oligarquía financiera internacional, a las cuales acabo de referirme aquí, son cuestiones fundamentales de discusión histórica para definir el reto de la definición del principio de justicia en un plan para Eurasia hoy día. En vez de definir los temas conforme a las trilladas categorías ideológicas de los conflictos estratégicos del siglo 20, el diálogo debe juntar el material de origen que refleje cada una de las experiencias más descollantes, en especial las del siglo 20, que constituyan elementos de un diálogo sobre la experiencia cultural interna de Asia en ese siglo. Debe dársele un énfasis especial a esto al tratar los temas ostensiblemente ideológicos encarnados en la herencia de la experiencia legada por los últimos cien años o más.

Los intereses angloamericanos (en lo principal), como los identificados con las operaciones del 120 de la avenida Broadway en Manhattan, donde estaba empleado el padre de George Shultz, procuraban usar su influencia en el mercadeo mundial del producto de, entre otras cosas, ciertos agricultores de Rusia (los kulaks ) como un modo redituable de llevar a la quiebra a la joven república soviética. Preobrajenski proponía derrotar esa operación foránea y sus efectos internos mediante programas que canalizarían una parte significativa del ingreso agrícola al desarrollo industrial. La devaluación forzada de la rupia india a fines de los 1960, es más bien un ejemplo importante de los modos similares en que se ha forzado a las naciones en desarrollo a defenderse, a menudo sin éxito, a veces de mala gana, pero de forma inevitable, en un mundo angloamericano posterior a Franklin Roosevelt.

Contrario al mito, L.D. Trotsky no fue el fundador de la oposición izquierdista soviética; en esencia, fue Preobrajenski. Trotsky se les unió, como por sorpresa, mediante una disertación entonces célebre donde describía la “crisis de pinzas”, y de este modo usó su reputación como director de las operaciones de la guerra civil del Ejército Rojo para meter a la oposición izquierdista a su tren político personal. Siempre con la tendencia a las alianzas con un sentimiento anarcosindicalista de corazón, Trotsky fue un publicista y un agitador de una perspicacia brillante, pero nunca un economista competente; Preobrajenski sí lo fue.

La expresión de maldad preponderante en la sociedad del mundo hoy, la expresión más esencial del principio de la tragedia, es la abierta negación o evasión al hecho de la diferencia que hay entre la especie humana y todas las demás formas de procesos vivientes, con base a principios. El resultado de esa evasión lo ejemplifica la mezcla de franca necedad y disparate científico de la afirmación de Federico Engels, de que la diferencia entre el hombre y los simios superiores es una función de los dedos oponibles. Los balbuceos anticientíficos de Engels en ese sentido fueron, en esa época, un acomodo a los dogmas antihumanistas del que sería el mentor de H.G. Wells: Thomas Huxley. La absurda doctrina socialdemócrata de la “objetividad histórica” de Kautsky, Plejanov y otros, es una consecuencia natural del punto de vista específicamente anticientífico de los empiristas británicos en general, y del británico Engels en particular. Es la influencia empirista británica en la versión del “materialismo” propio de Marx y otros, lo que vemos reflejado en el contraste entre Rosa Luxemburgo y la semiincompetencia de todos los demás economistas marxistas pertinentes y similares de entonces.

Mi interés y simpatía por lo que conocí entonces de la obra de Vernadsky, en especial en lo tocante a su dominio de la definición de la vida (por ejemplo, en contraste con los argumentos de Oparin y demás), data de fines de los 1940. El énfasis que ahora hago en las implicaciones físico–económico de esa obra como tal, data del período postsoviético, cuando las implicaciones de la obra de Vernadsky para la reconstrucción de la economía de Rusia en tanto piedra angular del desarrollo eurasiático, me parecieron de obvia importancia práctica fundamental para el mundo actual. Esto lo reforzó mi asociación, a principios de los 1990, con Pobisk Kuznetsov y su obra.

En estudios de economía comparada sobre el impacto de Karl Marx y doctrinas similares en la práctica de los que se aludía eran “Estados con constituciones socialistas”, la clave para comparar las llamadas economías capitalistas con las llamadas economías socialistas radica en entender el modo en que se trata la función de la ganancia, tanto en lo filosófico como en la práctica. En ningún lado el acostumbrado tratamiento académico y demás de ambos aspectos, exhibe una comprensión eficaz de cómo podría generarse realmente la ganancia, en vez de sólo sacarla de los ingresos totales. Desde mi perspectiva de la ciencia de la economía física, no surge esa dificultad. Ver la discusión en el texto más adelante.

La entropía, al igual que la entropía negativa, es un efecto, no una causa. Antientropía quiere decir un principio que genera sus efectos característicos. De modo similar, las geometrías antieuclidianas constituyen una forma modificada de geometría euclidiana, en tanto que la geometría antieuclidiana del maestro de Gauss, Kästner y Riemann representaba el renacimiento de un principio físico universal derivado de manera directa de la noción clásica de poderes, como el principio físico implícito de la ciencia pitagórica de Platón, de los descubrimientos originales de Kepler en la astrofísica, y el método del descubrimiento de Leibniz de un cálculo antirreduccionista de veras infinitesimal, congruente con un principio físico universal de acción mínima. La geometría física riemanniana constituye una expresión más ricamente desarrollada de las implicaciones de este concepto.