José Piñera es el arquitecto de la ‘sociedad de propietarios’ de Bush

6 de febrero de 2005

<body><div align="center" class="style31"><tr><th align="left" class="style34" scope="col" valign="top">Envíalo a un amigo</th><th align="right" class="style34" scope="col" valign="top"></th></tr><font face="Arial,Helvetica,Geneva,Swiss,SunSans-Regular"><font face="Arial,Helvetica,Geneva,Swiss,SunSans-Regular"><span class="style37"></span></font></font><p align="center" class="style38">JOSÉ PIÑERA ES EL ARQUITECTO DE LA ‘SOCIEDAD DE PROPIETARIOS’ DE BUSH</p><div align="left"><h5 class="style32"> <i>por Cynthia R. Rush</i> </h5><p class="style32">A José Piñera, el arquitecto de la privatización del Seguro Social de Chile en 1981, le gusta jactarse de que es un “paladín de la libertad”, cuyo único objetivo es ayudar a los pobres a mejorarse enseñándoles a valerse por sí mismos y a sentirse orgullosos de ser “dueños” de sus asuntos. En los cientos de artículos de autoelogio que colman su página electrónica, cita la Declaración de Independencia de los Estados Unidos afirmando que la privatización del sistema de pensiones es “de veras congruente con las ideas de los padres fundadores de América”. En un editorial de 1998 que escribió para su publicación de internet <i>Economía y Sociedad,</i> tuvo inluso la desfachatez de usar la cita de Benjamín Franklin de que la “rebelión contra un tirano es obediencia a Dios”, para justificar el sangriento golpe militar de 1973 contra el Gobierno del presidente Salvador Allende, el cual contó con la venia de los EU.</p><p class="style32">¿“Congruente con las ideas de los padres fundadores de América”? Dejemos esto en claro.</p><p class="style32">Piñera es un fascista cuya privatización del Seguro Social y otras reformas librecambistas fueron impuestas por la fuerza durante su gestión como ministro del Trabajo y luego como ministro de Minería, bajo la brutal dictadura de Pinochet (1973–1990) y sus escuadrones de la muerte de la Operación Cóndor. Por mucho que trate de presentarse como un mero economista y académico que se opuso a la tortura y a lo que llama los “excesos” del régimen de Pinochet, la verdad es que justificó y apoyó el golpe de 1973, y la imposición de la austeridad schachtiana que le siguió y que devino en el distintivo del “milagro económico” chileno.</p><p class="style32">Éste es el modelo <i>antiamericano</i> que los padrinos de Bush quieren imponerle a los EU hoy. Lo que el fanfarrón de Piñera llama “libertad” es en realidad la noción bestial abrazada por John Locke —a quien el servil Piñera adula como ese “gran pensador político británico”— de los “derechos de propiedad” y la avaricia personal. No hay nada que Piñera haya hecho o proponga hacer, que refleje ni remotamente los principios leibnizianos de la “búsqueda de la felicidad” y de la defensa del bienestar general que la Declaración de Independencia y el preámbulo de la Constitución de los EU enarbolan.</p><p class="style32">Dondequiera que han aplicado el modelo chileno —8 países de Iberoamérica y varios de Europa Oriental— ha fracasado de forma miserable, acarreándole una gran pobreza a sus víctimas: los trabajadores. Como le dijo un sindicalista boliviano a esta autora, la privatización del sistema previsional en aquél país, se hizo “al estilo de Al Capone” para robarle sus fondos de pensión a los trabajadores.</p><p class="style32"> <strong>Desenmascaren el fascismo</strong> </p><p class="style32">Por eso Piñera se ha hecho tan amigo —además de socio financiero— de John Train, el sicario político y económico que por décadas ha trabajado en favor de Wall Street y los intereses angloamericanos, y en contra del sistema político estadounidense. Con el apoyo de organizaciones como el Instituto Cato y la Institución Hoover, Piñera es un buhonero que va por el mundo vendiendo la basura económica avalada por Train y su compinche de crimen, George Shultz. Ese respaldo es el que le ha dado a Piñera tanta notoriedad internacional.</p><p class="style32">La sola amistad de Train con Piñera —ambos “hombres de Harvard”— basta para investigar y denunciar la participación del primero, no sólo en la dictadura fascista y la operación de los escuadrones de la muerte de Pinochet, sino también en el plan de Bush para imponerle el “modelo” chileno a los EU.</p><p class="style32">Piñera ha lambisconeado a George Bush tanto en privado como de forma pública diciéndole que la privatización del sistema de seguridad social de los EU es congruente con la “la experiencia americana” y con el “sentido común y valores del pueblo”. En una “Carta Abierta al Presidente de los Estados Unidos” del 4 de julio de 2002, en la que miente diciendo que el sistema de seguridad social de los EU está quebrado y hundiéndose como el Titanic, le escribió a Bush que la privatización del Seguro Social “mostraría un verdero liderato y se convertiría en su legado para todos los tiempos”. Piñera ha tenido reuniones con Bush al menos desde agosto de 1997, cuando éste aún era gobernador de Texas, para cabildear a favor de su plan.</p><p class="style32">Pero el chileno es muy explícito en afirmar que la privatización de las pensiones es parte de todo un paquete. En un discurso que dio en la Universidad de Boston en el 2001, subrayó que “fue introducida como parte de un conjunto coherente de reformas librecambistas radicales, que tuvieron una aplicación simultánea. . . En Chile, el mismo argumento aplicado al sistema de pensiones privado ya se ha ampliado, aunque de manera imperfecta, a las ramas de la salud y el desempleo”.</p><p class="style32">¿Y cuáles fueron los resultados? “Una redistribución radical del poder, del Estado a la sociedad civil, [que,] al convertir a los trabajadores en propietarios individuales del capital del país, ha creado un ambiente político y cultural más congruente con los mercados y con una sociedad libres”.</p><p class="style32">Esto significa eliminar cualquier responsabilidad del gobierno de defender el bienestar general, remplazándolo con un “ambiente cultural” que le dé rienda suelta a la “mano invisible” del mercado, y que el más apto sobreviva. Es este “ambiente” el que reduce a los hombres a la condición de animales.</p><p class="style32">Piñera también insiste que la creación de cuentas privadas de retiro ha llevado a un “ciclo virtuoso de liberalización comercial”, que prosperó independientemente de quién estuvo en el poder. En su lógica retorcida, los fondos de jubilación invertidos en el mercado “implican que cada trabajador es un capitalista” y, así, que “tiene un interés visible en la economía competitiva a nivel internacional”.</p><p class="style32"> <strong>‘Larga vida al modelo chileno’</strong> </p><p class="style32">Lo que brilla por su ausencia en todos los artículos y discursos de autoencarecimiento de Piñera, es que lo que él llama la “verdadera revolución” de 1973–89 sólo pudo imponerse por la fuerza. Haciendo caso omiso a las pruebas abrumadoras de que el complot de golpe de Henry Kissinger, la CIA y otras agencias del Gobierno estadounidense que ocurrió aun antes de que Allende subiera al poder en noviembre de 1970, Piñera encubre el golpe de 1973 alegando que a los militares no les quedó otra “alternativa” que tumbar a Allende.</p><p class="style32">El 22 de agosto de 1979 una mayoría de la Cámara Baja del Congreso de Chile presentó una carta acusando a Allende de violar la Constitución y de usar métodos “totalitarios”. Como la Constitución de Chile no contaba con ninguna provisión para deponer legalmente a un presidente elegido, los militares tuvieron que actuar, escribe Piñera.</p><p class="style32">“Lamentablemente”, añade, “unos cuantos miembros de los servicios de inteligencia trasgredieron la ley y. . . cometieron violaciones a los derechos humanos en la lucha contra la violencia política y el terrorismo”. Luego pasa a disculparse mencionando los artículos periodísticos que escribió mientras estaba en el gobierno, en los que denuncia torturas y violaciones a los derechos humanos.</p><p class="style32">Pero olvida añadir que la política económica de Pinochet, misma que él aplicó, representó una violación gigantesca a los derechos humanos, que en 1989 dejó al trabajador chileno promedio en condiciones peores que las de 1970. Como ministro del Trabajo (1978–80) se dedicó a destruir el código laboral de 1931, el cual, para su gusto, le ofrecía demasiadas protecciones a los trabajadores. Su reforma laboral de 1979 abolió el salario mínimo y desmanteló el otrora poderoso movimiento laboral organizado. Las negociaciones colectivas fueron eliminadas, al tiempo que la mayoría de los sindicatos desaparecieron por las restricciones que les impusieron.</p><p class="style32">Piñera se vanagloria de que el sistema de seguridad social privatizado es un éxito rotundo, que ha reducido la pobreza y el desempleo, y convertido a los chilenos en “propietarios de los activos productivos de la economía a través de sus cuentas para el retiro”, conocidas como AFPs (administradoras de fondos de penciones). En su artículo “Larga vida al modelo chioleno” explica que, por supuesto, siempre habrá pobres, al igual que siempre habrá ricos. “El crecimiento acelerado que elimina la pobreza también recompensa con salarios mayores a aquellos que son más productivos, creando así la ‘riqueza’ ”, explica Piñera.</p><p class="style32">Aunque Piñera también ayudó a privatizar la salud para crear algo parecido al sistema de administración de la salud de los EU, y reescribió las leyes que regulaban la minería en le país para favorecer a los inversionistas extranjeros, él siente que su labor todavía no termina. En 1990 creó su propio centro ideológico, Project Chile 2010, para defender y perfeccionar el “modelo”. Para el 2010, cuando Chile celebre el bicentenario de su independencia, la meta es haber avanzado en las reformas, de modo que el país tenga un sistema educativo totalmente privatizado —sin ninguna clase de educación pública—; privatizado en parte Codelco, la empresa cuprífera del estado; y consolidado un “nuevo paradigma del Estado” que sólo vigile las “funciones esenciales”, mientras que todo lo demás estará en manos del sector privado.</p><p class="style32">Piñera también ha dedicado gran parte de su tiempo a viajar por todo el mundo como loco, ofertando su modelo fascista a través de su International Center for Pension Reform. En su discurso del 2001 en la Universidad de Boston, titulado “Hacia un mundo de trabajadores capitalistas”, se jacta de haber creado un nuevo “G–8” de ocho naciones iberoamericanas que han emulado el sistema privatizado de pensiones de Chile, convirtiendo a la región en “un líder mundial en la reforma estructural de las pensiones”. Si México y El Salvador tienen éxito, predice, la “reforma a las pensiones se extenderá con rapidez al resto de Centroamérica”. El más “flojo” del continente es Brasil, se queja.</p><p class="style32">Piñera también se adjudica el hecho de que Polonia, Hungría y Kazajstán empezaron a introducir cuentas privadas de retiro en los 1990, y que incluso Rusia y China pretenden efectuar reformas similares. Pero el verdadero reto, afirma, está en Europa Occidental, cuyas “élites políticas. . . hasta ahora no han querido emprender una reforma estructural de las pensiones”.</p><p class="style32"> </p></div></div></body>