No vayamos al extranjero en busca de monstruos que destruir

lun, 25 sep 2017 - 06:37 pm

No vayamos al extranjero en busca de monstruos que destruir

Videoconferencia de LaRouchePAC del viernes, 22 de septiembre de 2017

Puede ver aquí la transmisión original (en inglés) que se transmitió el 22 de septiembre de 2017

En su célebre discurso ante el Congreso, el Presidente John Quincy Adams advirtió que Estados Unidos "no va al extranjero en busca de monstruos que destruir", sino que respeta "la independencia de las otras naciones, al mismo tiempo que afirma y protege la propia ... sin injerencia en las preocupaciones de otros". Los ecos de esa declaración de principios de John Quincy Adams podrían escucharse en el discurso del Presidente Trump esta semana ante la Asamblea General de la ONU, en donde declaró efectivamente el fin de la política de cambio de régimen y del orden mundial unipolar que dominaron los dos últimos gobiernos. "No esperamos que los diversos países compartan las mismas culturas, tradiciones o incluso los sistemas de gobierno", dijo Trump y pidió que hubiera "un mundo de naciones orgullosas e independientes que... tengan una causa común en el principal interés que todos comparten: un futuro de dignidad y de paz para la gente de esta maravillosa Tierra ".

Sin embargo, en el mismo discurso, el Presidente Trump se contradijo directamente y literalmente recitó una letanía de no menos de media docena de "monstruos que destruir", desde Corea del Norte hasta Irán, Cuba, Venezuela y Siria. Esta dualidad, que no se podría caracterizar más que de "Un cuento de dos discursos", que contenía tanto lo mejor como lo peor, es un reflejo de la batalla que ahora se lleva a cabo por el alma de esta presidencia.

Los elementos positivos de este discurso, que evidentemente reflejan la disposición a trabajar con naciones como China y Rusia, se deben alentar. Pero se deben abandonar y rechazar totalmente los otros aspectos destructivos y se les debe reconocer por lo que son: los intentos por descarrilar el potencial positivo de un nuevo sistema de relaciones donde todos ganan, por parte de quienes se oponen geopolíticamente al nuevo paradigma emergente de la paz a través del desarrollo económico, caracterizado por la política de la Nueva Ruta de la Seda de China.