Los cañones de agosto del 2007: Cheney ya tiene el dedo en el gatillo

24 de julio de 2007

por Jeffrey Steinberg El 16 de julio, el diario londinense The Guardian informó que el presidente Bush, bajo la poderosa influencia del vicepresidente Dick Cheney, se había inclinado a favor de emprender acciones militares en contra de Irán antes de que termine su gobierno. Según la nota del Guardian, el vicepresidente había usado una serie de reuniones entre junio y julio, de funcionarios de la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado, para hacer prevalecer la opinión de que la salida diplomática, que ostensiblemente promovían la secretaria de Estado Condoleezza Rice y el secretario de la Defensa Robert Gates, no había producido ningún resultado y que cualquiera que fuera el próximo gobierno estadounidense, no iba a tener el coraje de actuar militarmente en contra de Teherán. El presidente Bush, según la nota, estuvo de acuerdo con Cheney y, de nuevo, la perspectiva de una nueva guerra preventiva en el Golfo Pérsico cobra mucha importancia en Washington.

Fuentes bien informadas le confirmaron a EIR la filtrón del Guardian y abundaron sobre la misma, que proviene de círculos cercanos a la Casa blanca que se oponen férreamente a la posibilidad de un ataque preventivo estadounidense o israelí contra objetivos en Irán. Las fuentes de EIR confirmaron que, efectivamente, el presidente Bush se había inclinado a apoyar la posición de Cheney, de que se tienen que atacar de manera preventiva los supuestos emplazamientos de armas nucleares de Irán, y que uno de los argumentos más persuasivos que esgrimen Cheney y sus aliados neoconservadores, es que, si E.U. no ataca a Tehran, Israel lanzará un ataque, y esto le crearía un lío aún mayor a Washington.

The Guardian cita al director de estudios del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IIEE) de Londres —un importante cuerpo de peritos angloamericanos— Patrick Cronin, quien habla a nombre de algunos de los patrones de Cheney en Londres: "A Cheney le queda un capital (político) limitado, pero si quiere usar todo su capital político sólo en este asunto, todavía puede causar impacto... La línea roja no está en Irán. La línea roja está en Israel. Si Israel es obstinado, atacará; E.U. va a tener que emprender una acción decisiva. Las alternativas son: decirle no a Israel, dejar que Israel haga el trabajo, o hacer el trabajo uno mismo".

De hecho, el consenso entre los estrategas militares estadounidenses es que Israel no tiene la capacidad de causarle un daño serio al programa de investigaciónes nucleares de Irán, que está ahora muy disperso, a menos que use armas nucleares.

Los dos Liebermans

Mientras Cheney realizaba su juego de poder dentro de los círculos del gobierno, recibía apoyo de "los dos Liebermans". A principios de julio, el ministro de Asuntos Estratégicos de Israel, Avigdor Lieberman, viajó a Bruselas para reunirse con altos funcionarios de la OTAN, y a su regreso, dijo en la Radio del Ejército de Israel que se había ganado el respaldo de los Estados Unidos y de Europa para lanzar ataques preventivos en contra de los emplazamientos nucleares de Irán. Lieberman, quien es conocido entre los analistas israelíes como "lo más cercano a un Nacional Socialista de Israel", abundó que, si Israel lanzara ataques aéreos en contra de los emplazamientos nucleares de Irán, la OTAN se aliaría en la defensa de Israel en el caso de represalias por parte de Irán. Lieberman no pudo ser más directo: "Estamos estancados en Afganistán, y las tropas estadounidenses y europeas están revolcándose en el pantano iraquí, lo que va impedirle a los dirigentes de los países de Europa y de Estados Unidos decidirse a usar la fuerza para destruir las instalaciones nucleares de Irán. Por lo tanto", concluye, "al final del día, Israel va a tener que acabar con la amenaza nuclear que representa Irán con los medios de que disponga, y no va a poder contar con la cooperación internacional". Pero, declaró luego el ministro israelí, "Europa y E.U. nos apoyarán".

El mismo día 11 de julio en que Avigdor Lieberman amenazaba con ataques preventivos israelíes contra Irán, el senador Joseph Lieberman (independiente, de Conecticut) introdujo una enmienda al proyecto de ley sobre gastos de defensa, para exigir que las agencias de inteligencia de E.U. le informen al Congreso cada 60 días sobre las actividades de Irán dentro de Iraq. Aunque la enmienda de Lieberman, que contiene una sarta de alegatos dudosos o abiertamente falsos sobre operaciones de apoyo de combate iraníes en contra de las fuerzas estadounidenses en Iraq, estaba claramente dirigida a que quedara constancia de que el Senado apoyaba una política belicista en contra de Irán, todo el Senado votó como borregos, 97-0, a favor de la maniobra de Lieberman.

Por si hubiera alguna duda de que las acciones de Joe Lieberman estaban estrechamente coordinadas con Cheney, el texto de la enmienda de Lieberman cita ampliamente al general Kevin Bergner, el principal ex asistente militar del neoconservador Elliot Abrams en el Consejo de Seguridad Nacional, quien fue enviado a Bagdad en junio de 2007 para controlar "el giro" de las noticias sobre la guerra, a favor de la Casa Blanca. Bergner ha echado a andar una flujo constante de desinformación y de alegatos exagerados sobre la participación iraní en la insurgencia iraquí. La propaganda de Bergner desde Bagdad, según fuentes del Pentágono, ha enfurecido al Estado Mayor Conjunto, que lo ven como una repetición de la "cocina" de inteligencia falsa, canalizada desde la Oficina de Planes Especiales del Pentágono a la oficina del Vicepresidente, durante la carrera para invadir Iraq. Esta vez, ni siquiera simulan que los servicios de inteligencia del Pentágono esté examinando la propaganda bélica. Se está canalizando directamente desde Bagdad a través del general Bergner, directamente a Cheney, Lieberman y demás, y aparece cada vez con mayor frecuencia en CNN y otros medios noticiosos.

Juicio político o remoción de Cheney ahora

El viraje hacia la guerra contra Irán, de los "sospechosos de siempre" en Washington, tiene que evaluarse sobre el telón de fondo de la reunión cumbre de Kennebunkport, Maine, del 1 y 2 de julio entre el Presidente de E.U., George W. Bush, y el Presidente de Rusia, Vladimir Putin. Los dos días de discusiones, con el expresidente George H.W. Bush como anfitrión, representaron un avance estratégico fundamental en las relaciones entre E.U. y Rusia. El presidente Putin propuso una asociación estratégica de largo plazo entre Washington y Moscú, que abarca a toda Eurasia en una alianza de seguridad, construida en torno a la propuesta de defensa estratégica original de Lyndon LaRouche, la que después se convirtiera en la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE) del presidente Reagan. Pocos días antes de lo de Kennebunkport, el ex presidente Bill Clinton dio un discurso en Yalta, Ucrania, donde también había suscrito la propuesta, lo que mostraba una poderosa intervención de la institución de la Presidencia de los E.U. —junto con la de la Presidencia de Rusia— para evitar la guerra en Euroasia en las décadas por venir.

Cheney hizo su maniobra en respuesta a esta iniciativa qu, e y puso de regreso a los Estados Unidos potencialmente en el curso de una guerra a corto plazo, una guerra que se podría expandir rápidamente desde el suroeste de Asia a otras partes de Eurasia, y en última instancia podría llevar a una Cuarta Guerra Mundial, azuzando a los Estados Unidos en contra de Rusia y China.

Es por esta razón que LaRouche, en diálogo con un grupo de diplomáticos en Washington el 19 de julio, afirmó que la única forma de evitar la guerra a estas alturas, sería enjuiciar o sacar de su puesto a Cheney ahora, antes de que se disparen los cañones de agosto.

Es también en este contexto que LaRouche reiteró su mensaje a la senadora Hillary Clinton (Demócrat de Nueva York), la precandidata presidencial demócrata aparentemente a la cabeza de la contienda. LaRouche exhortó a la señora Clinton a que tomara el liderato en la pelea para sacar a Cheney de su puesto, prometiéndole que si lo hacía, sería "aclamada prácticamente" como la próxima Presidenta por un electorado estadounidense que exige abrumadoramente sacar a Cheney.

El mensaje de LaRouche también está resonando en círculos republicanos destacados, que temen recibir una paliza electoral en las elecciones federales del 2008, si Cheney continúa por más tiempo en el puesto, y si ocurren los ataques preventivos en contra de Irán. Mientras que algunas voces del Partido Republicano, como el ex funcionario del Departamento de Justicia durante Reagan, Bruce Fein, el ex candidato presidencial Patrick Buchanan y el funcionario de la CIA retirado y columnista de American Conservative Phil Giraldi, todos han exigido la salida inmediata de Cheney para detener el fiasco en Irán, los dirigentes del Partido Republicano no han querido dar la cara y enfrentar al presidente Bush y forzar la salida de Cheney. Y los demócratas del Congreso han preferido esquivar la bala de Cheney y optar por gestos impotentes, como el debate de toda la noche en el Senado sobre la política del gobierno de Bush en Iraq, en la que no se mencionó el nombre de Cheney ni una sola vez. El mayor acto de cobardía fue la capitulación demócrata en el Senado a la maniobra bélica contra Iran del "Demo-gato Buckleyista" de Joe Lieberman. Tal cobardía y oportunismo, ha advertido con frecuencia LaRouche, podría ser el fin de la república estadounidense y el inicio de una "guerra permanente" mundial que envolvería al planeta durante varias generaciones.

Cheney y Bandar

Mientras el "wurlitzer" del general Bergner continúa generando profusa propaganda bélica desde Bagdad, empujando la idea de tomar acciones militares contra Irán para "salvar las vidas de los soldados estadounidenses" que luchan en contra de la insurgencia "respaldada por Irán" en Iraq, especialistas de inteligencia de los E.U. han alertado a EIR de que hay una preocupación cada vez mayor por otro aspecto de la insurgencia en Iraq. Arabia Saudita, a través del príncipe Bandar bin Sultan, el principal aliado de Cheney y supuesto asesor sobre seguridad nacional del rey Abdullah, ha estado derramando dinero y armas entre las tribus sunni en el oeste de Iraq, que ahora han surgido como lo que algunos funcionarios de inteligencia de los E.U, califican como el "al-Qaeda II". Estas redes wahabi iraquíes, distintas al aparato "al-Qaeda en Iraq" de bin Laden y Zawaheri integrada en gran parte de combatientes extranjeros, ha surgido en los últimos meses como un elemento importante dentro de la insurgencia en general. Según estas fuentes, "al-Qaeda II" es parte del plan de Cheney —diseñada en Londres por los símiles del doctor Bernard Lewis— para fomentar un conflicto permanente de sunnis contra shiitas en la región.

Este esfuerzo de Cheney y Bandar, advierten las fuentes, es uno de los factores causales, para provocar a Irán y atizar una posible explosión a corto plazo. A principios de julio del 2007, un emisario del príncipe Bandar le entregó $750,000 dólares al Muyajedin-e Khalq (MEK), un grupo de exiliados iraníes que anteriormente trabajaban para Saddam Hussein, y que están en la lista de organizaciones terroristas internacionales (OTI) del Departamento de Estado de E.U., por haber asesinado a oficiales militares americanos en Irán. El MEK participa activamente en operaciones de asesinato y sabotaje en Irán, con el apoyo entusiasta de neoconservadores en Washington, como Daniel Pipes, quien recientemente asistió a una reunión del MEK en las afueras de París, en donde recibieron el dinero de Bandar.

El Departamento de Justicia de los E.U. ya está investigando al príncipe Bandar por su papel en el escándalo de la BAE Systems, que incluye un fondo secreto para operaciones clandestinas por 100 mil millones de dólares, establecido con el acuerdo de trueque británico-saudita "Al-Yamamah". Por lo menos 2 mil millones de dólares de los fondos "Al-Yamamah" se fueron directamente a las cuentas bancarias de Bandar en los Estados Unidos, y algunos de estos fondos se fueron a una variedad de insurgentes Wahabi, según fuentes de inteligencia de los E.U. Una cosa que deberían retomar los investigadores del Departamento de Justicia es averiguar si parte de estos fondos se están canalizando ahora al MEK para atizar los planes bélicos de Cheney contra Irán.