LaRouche: Momento de una revolución

13 de agosto de 2007

10 de agosto del 2007 (LPAC).— Al escuchar la cantidad de dinero que soltaron desde helicópteros a nivel internacional el pasado jueves 9, en un futil esfuerzo por impedir la desintegración de todo el sistema financiero, Lyndon laRouche observó que tan sólo en los Estados Unidos el ritmo al que la Reserva Federal emitió dinero ($38 mil millones de dólares en tres operaciones separadas) fue equivalente a una buena parte del ingreso anual de E.U. El total mundial fue del orden de cientos de miles de millones de dólares. El jueves, el Banco Central Europeo (BCE) inyectó 95 mil millones de euros y el viernes otros 61,500 millones. Los bancos centrales japonés y australiano también levantaron una muralla de dinero en un esfuerzo desesperado por detener la hemorragia. Otros bancos centrales dijeron que estaban listos a intervenir y seguir a otros como lemmings de ser necesario. Pero todo esto fue en vano, pues se derrumbaron los mercados en Asia, Europa e Iberoamérica. Incluso en los Estados Unidos, el Dow Jones terminó a la baja. Como señalara Lyndon LaRouche, los Estados Unidos y el mundo en general están entrando en una fase muy parecida a lo ocurrido en Alemania en 1923. En ese entonces, la burbuja hiperinflacionario estaba relativamente limitada a un país, Alemania. De ese modo, fue posible intervenir desde fuera por medio del Plan Dawes para cuando menos restaurar de manera temporal algo de orden. Sin embargo, hoy día, dado que la crisis es internacional, nadie puede proporcionar el equivalente a un Plan Dawes. El mundo en conjunto se encuentra ahora en una condición que requiere de una reorganización general del sistema financiero internacional con un sistema de tipos de cambio fijo. Todo el sistema financiero mundial debe someterse de inmediato a una reorganización financiero. Dado el ritmo al que está golpeando ahora a la economía estadounidense y también la economía mundial la hiperinflación tipo Weimer de 1923, hoy se necesita con urgencia de una reorganización inmediata tal y como lo ha propuesto Lyndon LaRouche.

La acción que se requiere es que los Estados Unidos convoque a Rusia, China e India como el núcleo de naciones que enfrente el problema. Por supuesto, eso exige la salida de Cheney y el liderato de Lyndon LaRouche.

Desde esa perspectiva de la urgencia de la situación, lo que se requiere ahora no son comentarios sino actuar.

Lyndon LaRouche desarrolló la perspectiva moral desde la cual se debe actuar. No vamos a rescatar a ninguno de los especuladores que han creado este desbarajuste. Jim Cramer puede gritar todo lo que quiera. No lo vamos a rescatar, ni a sus asociados. Vamos a actuar para salvar la economía de Estados Unidos y crear un orden decente en los asuntos mundiales. Y es mejor que la gente se vaya acostumbrando a ello, porque así es como debe ser.

Debe haber un rescate del pueblo, no de los especuladores. Los especuladores depredadores causaron esto a la economía mundial. Nuestro gobierno se sometió a su régimen depredador. La economía estadounidense puede y debe salvarse, pero solo si no tratamos de salvar a los especuladores. Ellos crearon el desbarajuste. Ellos van a tener que sufrir las consecuencias. Vamos a salvar a los bancos, pero no a los especuladores, porque los bancos son necesarios para mantener el flujo del crédito hacia la economía física real. Pero los especuladores crearon la 'burbuja John Law' y se la van a tener que tragar.

Hoy, el fantasma de Herbert Hoover se expresa por medio del cuerpo de George W. Bush, prometiendo un "pollo en cada olla". El único problema es que se dispaaró el precio del níquel para la olla. Se necesita un barril lleno de billetes de $500,000 dólares para comprarlo.

No se hagan ilusiones sobre la aparición de expertos en algún lugar que saben cuál es el problema y cómo resolverlo. La gente que por otro lado se pudiera considerar sensata, no están contestando sus teléfonos en medio de la crisis. Se están escondiendo; no quieren hablar.

En esta clase de crisis, que Lyndon LaRouche pronosticó de manera singular y está preparado para resolver, y que nadie más está preparado para agarrar al toro por las astas, nosotros tenemos que decir cuál es la naturaleza de la crisis y lo que se debe hacer. Somos los únicos que podemos actuar. La voz de Lyndon LaRouche debe ser escuchada y atendida. Él sabe qué hacer. Los otros no. Y no existe la posibilidad de que sobreviva este planeta sin el liderato de Lyndon LaRouche.

Por tanto, como dijo Lyndon LaRouche: estos nos son momentos de comentarios. Estos son momentos de una revolución. Esto es lo nuestro.