Un año después... pero todavía a tiempo

15 de julio de 2008

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14 de julio de 2008 (LPAC).— Este 22 de julio, casi exactamente un año después de la histórica videoconferencia que dio por internet el 25 de julio de 2007, el estadista norteamericano Lyndon LaRouche saldrá a la palestra de la capital estadounidense a ofrecerle liderato al pueblo estadounidense y a los dirigentes mundiales, en medio de la mayor crisis de desintegración financiera en siglos. Antes de escuchar a LaRouche —como esperamos que lo hagas— y enfrentar el pasmoso número de bancarrotas en el que está quedando sepultado ahora al sistema financiero, sería inteligente recordar de nuevo lo que dijo precisamente entonces.

Primero, con una presciencia sorprendente, LaRouche afirmó que "el sistema monetario internacional está en proceso de desintegrarse... No hay ninguna posibilidad de que el presente sistema financiero no se venga abajo, ¡ninguna! Ya se acabó... Sólo un cambio fundamental y súbito del sistema monetario–financiero mundial puede impedir un derrumbe inmediato de reacción en cadena. A qué velocidad, no sabemos, pero seguirá cayendo, y será imparable".

De hecho, para el 3 de agosto, el derrumbe del sistema bancario mundial, disfrazado de crisis del mercado hipotecario de alto riesgo, irrumpió con el desplome de dos fondos especulativos de Bear Stearns y el del banco IKB de Alemania. Y, a pesar de la desesperada campaña de relaciones públicas con la que se intenta convencer a la población de negar la realidad, hasta ahora dicho derrumbe ha seguido intensificándose. Fannie Mae y Freddie Mac están al borde de la quiebra, el sector automotriz desaparece, el aéreo se desintegra, los embargos de viviendas (junto con la ejecucción de las hipotecas que los acompañan) se suceden al mismo ritmo que en lo peor de la Gran Depresión en Estados Unidos.

Nuestros dirigentes nacionales debieron haber escuchado a LaRouche, pues, en esa misma videoconferencia, planteó con precisión lo que podía hacerse para contener esta caída al desastre:

"Por tanto, ahora tenemos que sujetar de nuevo al dólar a un sistema de tipos de cambio fijos. Y tenemos que empezar a reconstruir lo que destruimos; tenemos que tomar lo que estaba cerrándose, el sector automotriz, y sacar de circulación a estos fondos especulativos, embargarlos —en cualquier caso todos son un timo—; empezar a reconstruir la capacidad de la infraestructura, la capacidad de la infraestructura de alta tecnología... restaurar el crecimiento de nuestra agricultura".

Además, unos días despúes, LaRouche dio a conocer su ley de Protección a los Bancos y Propietarios de Vivienda, la cual insta a crear una protección de cortafuegos para impedir que millones se queden en la calle y salvar al sistema bancario legítimo. Pero, a pesar de las declaraciones oficiales de apoyo de más de 140 jurisdicciones locales desde entonces, el Congreso sigue rehusándose a actuar.

LaRouche no sólo abordó el problema económico en esa videoconferencia del 25 de julio de 2007, sino que también alertó sobre la posibilidad de que Dick Cheney emprendiera una "guerra preventiva" contra Irán, e instó a EU a negociar de inmediato con Rusia, India y China la creación de un nuevo sistema monetario como la vía hacia la recuperación y la paz. En el transcurso del año que siguió, estas tres últimas naciones han dado pasos importantes hacia cooperar en una recuperación económica, pero EU (el presidente George Bush y el Congreso) se han negado a seguir esta dirección. Y, cosa atroz, el vicepresidente Cheney, quien se libró del peligro de un juicio político por cortesía del Congreso que dirige Nancy Pelosi, está demostrablemente empeñado en poner en práctica el plan bélico —de cuño británico— contra Irán.

Claro, estas propuestas también resonarán en la mente de políticos estadounidenses y de otros que escuchen a LaRouche el 22 de julio, pero, ¿decidirán actuar esta vez?

Cada vez es más difícil negar que LaRouche ha acertado, de manera singular, en su pronóstico de la desintegración económica y financiera. Su clara precisión a este respecto también realza su credibilidad cuando indica el origen político del problema: la influencia apabullante de la élite financiera angloholandesa y sus agentes, como George Soros y Félix Rohatyn, en la política estadounidense. ¿De qué otro modo podría el proceso electoral presidencial estadounidense acabar enfrentando —por ahora— a un vacuo Barack Obama a un John McCain partidario de la guerra y el libre comercio?

No queda mucho tiempo para que la gente siga la guía de LaRouche; sólo tenemos un mes hasta la convención del Partido Demócrata, y tal vez menos para evitar la destrucción total del derrumbe sistémico o un nuevo ataque militar. Para idear un plan de acción, te insistimos que escuches a LaRouche en vivo el 22 de julio, a la 1 p.m. (hora del este de EU), por espanol.larouchepac.com.