Dos reuniones muy diferentes: la Cumbre de la Unión Europea-Rusia en Samarra, y la misión de Lyndon LaRouche a Moscú

21 de may de 2007

<body><div id="article"><h1>Dos reuniones muy diferentes: la Cumbre de la Unión Europea-Rusia en Samarra, y la misión de Lyndon LaRouche a Moscú.</h1><p>por Helga Zepp-LaRouche</p><p>La cita en Samarra terminó con un conflicto abierto entre la Canciller alemana Angela Merkel y el Presidente Putin de Rusia. Ya desde los días y semanas previos, las disonancias en torno a problemas estratégicos como el de Kosovo, Iraq, Irán y el propuesto sistema antimisiles estadounidense en Europa Oriental eran tan serios que ambas partes estaban preparadas a calificar la cumbre como un éxito, si es que se realizaba. Sí se realizó, pero seguro que no fue ningún éxito. No obstante reveló que tan poco entiende la señora Merkel cómo usar los seis meses que tiene Alemania en la presidencia de la Unión Europea en favor de una verdadera política de paz. Este acontecimiento de ninguna manera sorprende. Sólo es la consecuencia lógica de la política que ha seguido la Unión Europea desde finales de 2004, y en un sentido más amplio, desde 1989.</p><p>Mientras que el ex Canciller Schroeder sabía cómo equilibrar la política de expansión de la UE, considerada como hostil hacia Rusia, a través de su amistad con Putin, la Canciller Merkel apostó a un alejamiento de esta valiosa relación y critica las acciones rusas contra manifestantes. Un tanto precipitadamente, como ocurrió. Resulta que el disidente ruso Gary Kasparov pudo muy bien haber estado en Samarra sin ninguna interferencia, pero lugar prefirió dar una conferencia de prensa contra Putin en vez de eso. Y Putin dijo lo obvio: ¿y qué sobre las redadas de la policía europea contra los manifestantes contrarios al Grupo de los Ocho?</p><p>Mal hecho, señora Merkel; ya sea que esta conducta fuese resultado de una falta total de intuición diplomática, o resultado de la nueva constelación Sarkozy-Brown-Merkel en la UE. Porque ella debió haber sabido que Rusia desde hace tiempo considera la política de la OTAN y la UE como una política de cercamiento y desestabilización de Rusia. Y lo que se caracteriza calumniosamente en los medios occidentales como una política dictatorial de Putin, en Rusia se percibe como un esfuerzo patriótico para dar marcha atrás a la venta de Rusia al capitalismo ladrón en el período de Yeltsin, y la degradación de Rusia a la condición de abastecedor de materias primas. Ojalá que la señora Merkel mostrara un espíritu similar contra la entrega de Alemania a la plaga de los fondos langosta.</p><p>Esta cumbre UE-Rusia confirmó desafortunadamente que no se puede esperar nada positivo de Europa en estos momentos, y en cualquier caso, ningún tipo de iniciativa que pudiera abordar los problemas existenciales de la humanidad en forma alguna.</p><p>Un contraste total con la serie de actos y reuniones en los que participamos mi esposo Lyndon LaRouche y yo en Moscú hace unos días. El centro fue el doble festejo en ocasión del octogésimo cumpleaños del profesor Stanislav Menshikov, miembro de la Academia de Ciencias, el mejor experto sobre los Estados Unidos, autor de muchos libros y, más importante, un pensador original con el don de un humor incorruptible y amor por la verdad. Para Menshikov, que escribió y publicó uno de sus libros con el asesor de Roosevelt, John Kenneth Galbraith, y para muchos de sus invitados al cumpleaños, significó un fundamento axiomático completamente diferente para las relaciones entre Rusia y Occidente.</p><p>El profesor Menshikov introdujo él mismo el tema principal en su mensaje inaugural en la ceremonia de cumpleaños: cómo se verá el mundo al momento que cumpla 100 años en el 2027. Es previsible que China, los Estados Unidos, Rusia, India y Japón serán las potencias económicas más robustas y es obvio que deben encontrar maneras de colaborar. Con eso, Menshikov retomó el principal mensaje que Lyndon LaRouche subrayara en muchos discursos y conversaciones en Moscú: que se debe procurar la relación entre Estados Unidos y Rusia, pero también con China e India, sobre la base de la política de Franklin Roosevelt, a saber, la cooperación de los Estados soberanos en las metas comunes de la humanidad, y acabar finalmente con el colonialismo.</p><p>Dado que muchos de los miembros participantes de la Academia de Ciencias fueron testigos vivientes de la colaboración ruso-estadounidense en la época de Roosevelt, no les fue difícil de concebir la proyección de esa política al futuro. Y de este modo muchas conversaciones giraron en torno a la parte del Puente Terrestre Euroasiático que corresponde al Estrecho de Bering, como una política consciente de disuación bélica. La urgencia de encontrar una alternativa a la atmófera cada vez peor en el diálogo estratégico fue muy consciente en muchas de las discusiones.</p><p>Los brindis durante el banquete del cumpleaños mostraron que la perspectiva de una visión optimista del futuro puede establecer el plano en el cual se pueden superar las contradicciones, en el sentido de Nicolás de Cusa. La idea de que para el centécismo cumpleaños del profesor Menshikov ya se habrá desarrollado de manera extensa el corredor de transporte entre Alaska y Siberia por el Estrecho de Bering, fue muy festejada.</p><p>Tal vez fue coincidencia que el lugar de la cumbre UE-Rusia fuera la ciudad rusa de Samarra. En cualquier caso, el nombre trae a la mente la famosa historia "Cita en Samarra", que se adjudica a un sabio sufi del siglo 9 que cuenta de un sirviente que, enfrentado a la muerte en el mercado de Bagdad, huye a la distante Samarra. Pero la Muerte, al respender la pregunta de por qué le asombró ver al sirviente en Bagdad, respondió que ella tenía una cita con él esa noche en Samarra.</p><p>En un sentido amplio, la infeliz cita en Samarra debiera recordar a los pueblos de los países de la Unión Europea que si el hombre no puede escapar a su destino, no obstante puede influir y cambiar el curso de la historia. Para los países europeos, esto significa que debemos dejar de imitar la política imperialista de la OTAN a través de la Unión Europea. En su lugar debemos apoyar un nuevo orden mundial en la tradición de Roosevelt, y sobre esta base asimilarnos a la relación entre los Estados Unidos y Rusia. No necesitamos una política de pasito a pasito como bebés; necesitamos una visión de cómo podamos forjar el siglo 21. Y eso se encuentra en la construcción del Puente Terrestre Euroasiático.</p></div></body>